He leído que cada minuto ocho personas lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución, el terror. Lo dejan todo por elegir entre algo horrible o algo aún peor.

Impacta leer frases así desde la frágil burbuja de seguridad y confort desde la cual vemos pasar la vida.

Frágil, pues nunca se nos ha pasado por la cabeza que tal vez alguno de nosotros podría ser una de esas personas que han tenido que tomar la desgarradora decisión o, incluso, han sido obligados a dejar su vida y su hogar sea cual sea su condición social. Todo por salir del infierno de la guerra, la pobreza o quién sabe qué sin saber lo que le deparará su viaje.

En estos días vemos la entrada masiva en Europa de personas que huyen de la tiranía de la sinrazón y la imposición a golpe de miedo.

Desde hace quince años, el 20 de junio se conmemora el Día Mundial de los Refugiados recordando así a tantas personas desarraigadas.

Mediante actividades lúdicas se manifiesta el apoyo a aquellos valientes que aportan el todo por el todo para lanzarse a la esperanza de un mundo mejor.

Aplaudo la valentía de estos viajeros sin destino que arrancados de sus raíces viajan con un único equipaje: un futuro lleno de esperanza.