Si necesitan un motivo más para esta noche pasarse por Casa Patas en Madrid y disfrutar de buen flamenco, ya se lo voy a dar yo: Filo de los Patios, (Filomena Auñón, Madrid, 1986), Melón de Oro en Lo Ferro en 2015 canta junto a la guitarra de Antonio Carrión. Nacida en uno de los barrios más humildes de la capital, el barrio de San Antón, en la zona de Vallecas, creció escuchando en alguno de sus patios comunales del vecindario a grandes figuras del flamenco, que de aquella se reunían en las tres bodegas que existían. Grandes como Naranjito de Triana, Calixto Sánchez, El Chato de la Isla, (que vivía muy cerca de los Patios), Juan Valderrama, Enrique Morente, Salako de Córdoba, o José Menese. Muy cerca de allí, la Peña ‘Los Cabales’ de la que fue madrina Carmen Linares y padrino, Chaquetón. ‘Esas tres bodeguitas eran sitios muy privados, donde supuestamente la gente no iba porque eran barrios marginales, por decirlo de alguna manera, y así echaban ahí sus buenos ratos’ asegura. Muy buenos mimbres por tanto, confeccionan la voz de esta joven madrileña que fue creciendo con ese flamenco sin complejos y que con tan solo cinco años, cantaba en la Peña Flamenca de San Blas de la que su padre era presidente. Finalista del Cante de las Minas en 2014, esta noche viene dispuesta a llevar la fuerza de Los Patios hasta la Sala García Lorca de Casa Patas, que un año más, puede presumir de estar poniendo a disposición de los buenos aficionados, un cartel de lujo para este San Isidro. Pasen y lean.

‘Yo siempre he llamado a Casa Patas el ‘templo del flamenco’. El estar ahí es un reconocimiento muy importante, es como Las Ventas para los toreros… se va acercando la hora y vas sintiendo cosquillitas en el estómago…, y muy agradecida de que me hayan llamado…, es un sitio muy importante’ nos comenta Filo a muy poquito de subirse al escenario de la García Lorca en Madrid. Nerviosa, aferrada a su cante recio y puro, y con la humildad aprendida de las que se han criado en el flamenco como modo de vida, charla con nosotros.  

¿Qué ha marcado su afición al flamenco?, ¿el vivir en ese entorno o ser hija del presidente de una Peña Flamenca?

Yo creo que un poco todo, porque si mi padre no hubiera estado ligado al flamenco…, hoy en día quien no está ligado al flamenco es porque no lo ve en su casa. Yo quizás también me ligué a él porque mi padre también lo estaba, el ver el flamenco en vivo, ver cómo lo cantaban…, esas cosas te ayudan a que te llegue mucho más. Si no hubiera tenido la oportunidad de las dos cosas juntas, a lo mejor no me hubiera llegado el cante como me llegó. Si no tienes el flamenco en tu casa es muy difícil que el flamenco te llegue porque en la radio o en la televisión prácticamente no ponen flamenco. Es muy difícil encontrar flamenco a no ser que te pique el gusanillo y lo empieces a buscar por Internet por ejemplo, o lo encuentres en una Peña cercana.

El nacer en un lugar humilde. ¿Cree que le aporta más autenticidad a su flamenco?, ¿cree que eso tiene algo que ver o no?

Yo creo que la forma de vida influye porque el flamenco, realmente, es una forma de vida. Pero también influye mucho como tú hayas vivido tu vida. No es lo mismo un ‘señorito’, al que también le puede gustar mucho y cantarlo muy bien, que el que ha pasado fatigas porque lo vive de otra manera y siempre le dará esa pena, esa enjundia que lleva dentro…, toda esa tristeza las sacará cantando. Por eso tu forma de vida hace que tu cante suene de otra manera. Si, algo te marca.

 

¿Recuerda cuando empezó a cantar con cinco años en la Peña Flamenca de su padre?

Sí, sí, yo recuerdo de antes incluso de salir al escenario por primera vez que fue con esa edad. Era muy gracioso. Como no me dejaban subirme al escenario antes de empezar a cantar flamenco, sevillanas y esas cosas, recuerdo, ¡pero con tres o cuatro años! en los descansos de la Peña subirme al escenario a cantar por Laura Pausini, sevillanas de Ecos del Rocío…, pero hubo algo, ya con cinco años, que me marcó con Enrique Morente que fue lo que me decidió a subirme al escenario de mi Peña, pero a cantar, ¡cantar flamenco!

Bueno, ¡Cuéntenos!

A Enrique Morente le conocí una semana antes de que ocurriera todo. La Peña de mi padre era muy humilde y cuando, claro, se podía contratar…, bueno, pues una de esas noches que vino Enrique…, yo era muy pequeña y a mí me gustaban los artistas, me gustaban como cantaban pero yo no sabía quiénes eran. Una noche estaba corriendo por la Peña Flamenca y Morente me regañó porque estaba en ese momento un cantaor sobre el escenario…, ahí quedó eso, pero es que cuando le vi que se subía al escenario y le oí cantar me marcó. Me sorprendió muchísimo cantando con esa forma que tenía él de hacerlo. Así fue cuando fui a mi padre y le dije que yo quería cantar pero ¡quería cantar eso!, ¡Yo ya no quería cantar Laura Pausini! Fue cuando me dejó subirme al escenario a cantar, a la semana siguiente, y canté las sevillanas de ‘El Abuelo’, y unos fandangos de Paco Toronjo.

 

¿Y cómo ha cambiado Filo en estos años en cuanto al flamenco?

Se aprende sobre todo que el respeto hay que ganárselo. El respeto hay que ganárselo. Conozco a gente que en las Peñas se queja de que no son escuchadas como les gustaría, y eso antes no lo entendía, ahora sí. Tienes que ganarte el respeto como cantaor, pero también tienes que respetar al aficionado porque si no lo haces, éste tampoco te va a respetar a ti. Eso lo he aprendido con el tiempo. No es algo que te regalen. También he aprendido el no creerte nunca más que nadie. Los dos valores que he aprendido son el nunca perderle el respeto al aficionado, y la humildad.

¿Qué le dice su padre ahora cuando la ve triunfando en Las Minas, Madrid…?

Me dice pocas cosas, el pobre mío, porque cada vez que me oye cantar se pone a llorar…

Filo de los Patios. Foto: Casa Patas

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