La cantante y actriz Raquel Palma estrena este sábado en el Gran Teatro de Cáceres (20.30h) su nuevo espectáculo musical Cuando manda el corazón, un viaje sonoro por la lucha femenina y por la diversidad sexual desde la II República hasta la llegada de la democracia en nuestro país con la Constitución de 1978.

Cuando manda el corazón hilvana un selecto repertorio de canciones de la época, compuestas y cantadas en su día por mujeres, con una texto escrito por la dramaturga y directora Concha Rodríguez para ofrecer, con un toque de humor, una reflexión sobre la situación de la mujer en España y la reivindicación de un amor libre y sin prejuicios en una época artística y de libertad especialmente convulsa.

Con dirección artística de José Antonio Raynaud y musical de David Lerman, la cantante y actriz cacereña dará vida a este espectáculo como cantante y contadora de historias con el acompañamiento musical en directo de David Lerman (guitarra eléctrica), Juan A. Loro (piano y teclados), Álvaro Fernández (bajo) y Abraham Gutiérrez (teclados y guitarra eléctrica) y Vicky González (batería) y un cuidado montaje audiovisual en el que han participado un centenar de personas, entre actores, figurantes y equipo técnico.

Por el espectáculo desfilarán historias de mujeres compositoras, letristas, intérpretes…, que a través del tiempo y de la música nos hablan de sus emociones, sus miedos, sus esperanzas. Y todo ello a través de un recorrido por canciones imprescindibles que Raquel Palma ha rescatado de nuestro patrimonio musical, muchas de ellas apenas conocidas por el público y, sin embargo, fundamentales que ya en esa época abogaban por la diversidad, la multiculturalidad, la pluralidad, la igualdad de la mujer, la valentía frente al cobarde rumbo de la fila india para dar voz al pensamiento que nace del sentimiento.

Las canciones se cantan y se cuentan. Canciones como Se dice, una letra de 1933 que cantara Concha Piquer, la voz rebelde y libre de prejuicios de la copla española, que habla claramente del amor libre: “Amar, yo quiero amar con libertad, porque nací mujer, para querer y hacer mi santa voluntad”, dice en una de sus estrofas.

O La Diputada, de Emilio Carrere y el maestro Manuel Font de Anta, que grabó la prodigiosa tonadillera sevillana Amalia Molina en 1932, en la que se aborda el papel de la mujer en la política y el voto femenino con la frivolidad del género pero que pueden calificarse como coplas feministas dentro del contexto en el que se compusieron y que revierten la imagen de este género musical: “Llegó la hora del feminismo, y como siempre fui avispada, y en todas partes me llevo algo, me llevé el acta de diputada. En el congreso con Luis de Tapía, estoy actuando de adalid, ¡Viva el divorcio! ¡Vivan mis manos! que aún no han cosido, ¡ni un calcetín!”, dice la letra de La Diputada.

Cuando manda el corazón muestra, a ratos no sin comicidad, los límites entre marginalidad y normalidad, y busca liberar a los espectadores de sus prejuicios, y de la cuadrícula de su mente, con respecto a la generación de nuestros padres y abuelos, que llenamos sólo de recuerdos en blanco y negro.