Y como él, que nació en Murcia y se crió en Tánger, ha llamado a su segundo disco: ‘Dos Mares’. Paco Soto (Murcia, Águilas (1991) me escribe desde Rusia, y adereza sus respuestas con vídeos en Instagram donde se le ve rodeado de nieve y recuerdos moscovitas de tiempos de Zares y leninismo. Hasta allí ha llevado hace solo unos días, una guitarra que igual acompaña a Maui de Utrera en el Teatro Flamenco de Madrid, en esos ‘Domingos de Vermut y Potaje’ (por Dios, no se los pierdan!); que desgrana olor a sal y virtuosismo en las principales ciudades del mundo como New York, Philadelphia, Santo Domingo, Shanghai, Pekin, o Ámsterdam. Formado en el Festival del Cante de las Minas de la Unión y la Fundación Cristina Heeren de Sevilla con guitarristas como Gerardo Núñez y Miguel Ángel Cortés, Paco Soto desde que tuvo su primera guitarra con apenas diez años supo que sería guitarrista flamenco. Menos mal. Así no nos perdemos el arte de este murciano que desgrana inocencia con una media melena que siempre acompaña de una sonrisa, y la madurez de sus primas y bordones a las que aún le quedan mucho camino que recorrer. Bienvenido seas Paco Soto. Y más, en estos tiempos donde a la guitarra de concierto le cuesta tanto ponerse en el lugar que merece cuando se abre el telón. El centro del escenario. Pasen y lean.

¿Qué tiene de Murcia y qué de Tánger su guitarra?

Es una guitarra que ha nacido en el agua del mar, con el olor a salitre y el ruido de las gaviotas. Nació en el Mediterráneo y se crió en el Atlántico. Tiene mucho de cada sitio, mucho de Águilas y mucho de Tánger, de España y Marruecos. En este ir y venir, yo hago  casi como Espronceda y digo que mi única patria es la mar.

Ha colaborado con músicos de jazz y flamenco, ¿qué le aportan esas dos formas de entender la música?

Los flamencos aportan la libertad del ritmo y los músicos de jazz libertad en las notas. Cuando estoy con flamencos siempre estamos jugando con el ritmo y cantando y con las palmas, y cuando estoy con músicos de jazz nos fijamos más en acordes bonitos, en improvisaciones, ir de una nota a otra… son dos mundos distintos en su forma pero iguales en su base. Son músicas que vienen de pueblos oprimidos y se unen en esa misma búsqueda de la libertad. Son músicas enriquecedoras de las que tenemos que beber. Creo que el flamenco tiene algo que el jazz no tiene tanto, que es la necesidad misma de la transmisión.

‘Candela’ (Bulerías) con Sabú Porrina y Fernando Lamadrid o ‘Tánger’ (Tangos) con Juan Antonio Salazar; tiene a Extremadura muy presente en este disco…

Me gusta mucho Extremadura y sus artistas, la forma que tienen los gitanos allí de cantar es muy especial. De ahí viene Porrina de Badajoz y toda su familia que para mi son…, ¡son mucho!. Ramón el Portugués y sus hijos Paquete, Piraña, Ramón Porrina y Sabú…, Guadiana, Juan Antonio Salazar que es un genio, la tita Remedios Amaya… ¡es la Champions!. Extremadura hace frontera con Portugal y en lo fronterizo es donde se cuece el caldo bueno de la vida porque hay riqueza cultural. ¡Viva la diversidad, y fuera los muros!

Conversaciones con Ramón el Portugués (Seguiriya), ¿de qué han hablado? (risas)

Esas conversaciones me las guardo en el corazón porque van de eso… de tener un corazón muy grande y que ese sea el motor que te mueve. El tito Ramón tiene el corazón del tamaño de la Plaza Alta de Badajoz y lo quiero mucho.

¿Por qué ha tardado tanto en sacar su segundo disco?

Creo que he tardado muy poco, el primero lo saqué en 2017 y el segundo en 2019, compongo ¡a la velocidad de la luz! (vuelve a reírse)

Las vivencias entre uno y otro disco, ¿han marcado la salida de este ‘Dos Mares’?

He vivido mucho en estos dos años y sin lugar a duda eso ha marcado la salida del disco, pero hay mucho de mi infancia. Con este disco he mirado atrás para buscar mi esencia. Todo lo que soy. Sea lo que sea.

Asegura que su referente es Paco de Lucía. ¡Cuánto le debe la guitarra solista al maestro!, ¿verdad?

Paco de Lucía ha sido y es nuestro Dios. El flamenco le debe casi todo a Paco de Lucía. Cualquier cosa que te pueda decir… me quedo corto. De una simple respuesta del maestro en una entrevista ya sacamos un libro de filosofía, era una persona muy completa y cultivada en todos los aspectos, y luchó más por su música y por el flamenco que por el mismo. Eso llevó a nuestra música a donde está hoy día.

¿En qué momento se encuentra la guitarra de concierto en nuestro país?

Se encuentra en un muy buen momento artístico, hay unos guitarristas increíbles hoy día. Lo que hace falta es que a los programadores de los festivales se les meta en la cabeza que sin guitarra no hay ni cante ni baile, y que programen a más guitarristas. Vas a un festival y solo hay espectáculos de danza y alguno de cante pero poco…, guitarra ya ni te cuento. Creo que tiene que haber más diversidad y que no sean tan aburridos siempre programando lo mismo.

¿Cómo huele la guitarra de Paco Soto tras pasar por los ‘Domingos de vermú y portaje’ con Maui de Utrera?

Huele un poquito a pimentón… y está más graciosa. Maui aporta mucho humor y humanidad, es una gran artista y me da cosas que solo ella me da. Yo le debo mucho.

A parte de estos ‘Dos Mares’, ¿por donde le gustaría que transitara las seis cuerdas de su guitarra?

Quiero ir a todos los países del mundo y aprender en cada uno de ellos. Lo que quiero es aprender de todo lo exterior para darle más al interior, al corazón. La búsqueda acaba en lo más simple y profundo.

¿Qué proyectos tiene en marcha?

Tocar con mi banda y con todos los artistas que pueda y no parar de aprender de todos ellos. Y por supuesto, seguir componiendo y tocando cada vez mejor.

¿Conoce Extremadura?

Estuve con mi amigo Pato el dueño del Café Berlín en su casa, y con el maestro Javier Colina pasando unos días maravillosos, allí, en el campo. Quiero volver a ese momento así que Pato, si lees la entrevista, ¡llévame, carajo!

Palop Flamenco