Rubén Jiménez Urbano, ‘Niño Rubén’ (Lucena, Córdoba, 1997) sabe lo que es el sacrificio de compaginar estudios elementales con los superiores del Conservatorio Profesional de Música ‘Maestro Chicano Muñoz’. Conoce la dificultad que entraña el acoger a un instrumento desconocido para el gran público como es el fagot, y llevarlo a su propio universo. Un universo que suena a flamenco, a diferentes colores tímbricos, a descubrimientos, a nuevas experiencias y a nacimientos; justo lo que este músico lucentino ha conseguido: ‘El nacimiento del fagot flamenco’, su carta de presentación. Un documental que se nutre de vivencias contadas por el propio Rubén como la aparición de este instrumento ligado a lo hondo, en el Concurso Internacional de Flamenco en La Unión el año pasado, o su participación en el XLVIII Congreso Internacional Double Reed Society.

Solo una mirada limpia, nueva, y ávida de conocimiento podía encontrar la unión entre este instrumento tan ligado a la música clásica, y el desgarro del flamenco. Una evolución personal y artística que parte de una visión inocente y valiente. Un punto de partida, una nueva forma de observar. Como los ojos de un niño. Pasen y lean.

¿A qué suena el fagot?

¡Que pregunta más bonita para empezar! Cada persona recibe el arte, los sonidos, la música de manera diferente. El que conozca este instrumento diría, a priori, que es un instrumento grave, o que se le suele relacionar con temas tristes. Un instrumento musical es una extensión de nuestro cuerpo, de nuestra forma de sentir. Personalmente, indago y utilizo diferentes ‘colores sonoros’. Creo que es una de mis principales características como intérprete, es a variedad tímbrica que consigo con el fagot. Es curioso pero, cuando al terminar un concierto al hablar con el público, éstos me comentan sus impresiones y todas son diferentes, incluso antagónicas.

¿Por qué cree que ocurre eso?

Porque no se puede ejecutar con la misma técnica una obra clásica, un estándar de jazz o una pieza flamenca; al igual que no se interpretaría de la misma forma un cante por soleá que una falseta por bulerías —todo esto me refiero al llevarlo a instrumentos como el fagot. En mi obra ‘Al Toque del Fagot Flamenco’ expongo precisamente esto. En esta pieza, el fagot se despoja de su técnica tradicional (la que se enseña en los Conservatorios y utilizan la mayoría de fagotistas) para construir una nueva sonoridad partiendo de las características principalmente del cante, del toque y del baile netamente flamencos. Ésta incluye un estudio que viene a explicar todos estos aspectos y características. Sería como esa primera referencia para los instrumentistas que quieran tener un contacto con el flamenco y su interpretación.

¿Por qué el fagot?

Todas las cosas ¡de mi vida en general! han sido por pura casualidad. ¿Quién me iba a decir que acabaría tocando este instrumento tan raro, tan grande y dentro del flamenco? Con ocho años, mi madre me preguntó que si quería apuntarme al Conservatorio. Dije que sí, ¡por supuesto! siempre me había gustado mucho la música, pero de ahí a empezar esos estudios…, a esa edad era un niño y yo solo pensaba en jugar aunque sí recuerdo que me encantaba improvisar con la flauta del colegio, ¡sacaba mis melodías y todo! era como un juego para mí. Al entrar en el Conservatorio me encontré con que no conocía ningún instrumento de los que se ofertaban, y bueno, allí elegí el fagot como podía haber elegido cualquier otro. Fue una auténtica lotería o el destino. Siempre digo lo mismo pero creo, sin lugar a dudas, que ese día el fagot me eligió a mí, y no al revés.

¿Cuando encontró el nexo de unión entre el fagot y el flamenco?

Hay unos años cruciales, que por suerte o por desgracia, no fueron fáciles para mí. Me refiero a los de la secundaria y los del bachillerato, la franja de edad entre los 12 y los 18 años. No me quiero referir a tener que compaginar estos estudios con los del Conservatorio…, un esfuerzo que solo sabemos los que lo hemos hecho, pero tuve muchísimos altibajos emocionales con el instrumento. Cambiaba mucho de profesores y yo realmente lo que quería era dedicarme a la música, o eso creía entonces. Tuve que buscarme la vida con muchísimas clases particulares y cursos. La vida me fue llevando a colaborar como solista, a que me publicasen mis obras y, lo más importante, a saber ser autodidacta. Cuando estas en ese punto, consigues tener una visión que, junto con la imaginación, te permite desarrollar tu sonido y los diferentes proyectos innovadores que he desarrollado dentro de la música clásica-contemporánea.

Sin embargo, siempre recordaré la libertad que sentí la primera vez que toqué el fagot con un guitarrista flamenco. Yo anteriormente había estudiado la teoría musical de este género y sabía un poco como se constituía, pero a raíz de ese momento comencé a investigar para volcarme de lleno en este camino que estaba totalmente inexplorado. Descubrí que el flamenco me había acompañado desde que nací y que desde mis primeros proyectos ya estaba presente. Me han bautizado como ‘el creador del fagot flamenco’ pero, realmente, el auténtico artesano es nuestra cultura, y la suerte de haber podido nacer y crecer en esta bendita tierra.

¿Da vértigo emprender una carrera como solista?

No sé si vértigo. Desde pequeño he sentido miedo escénico, pero poco a poco te enfrentas a situaciones que te hacen aprender y, sobretodo, te hacen tener mayor seguridad en ti. A día de hoy te puedo decir que me encanta subirme a un escenario y ser el solista, porque de esa manera puedo conectar con el público. No se me ocurre una manera más bonita de mostrar mi sentir, llevar mi cultura a través del aire que produce el sonido de mi instrumento, a través de esas composiciones que encierran mis vivencias. Es algo muy especial que no se puede ni describir con palabras.

¿Cuáles son sus referentes en el flamenco?

Es muy complicado elegir referentes, porque escucho de todas las diferentes estéticas, pero si tuviese que quedarme con uno…, diría Enrique Morente. Su universo es tan amplio y me trasmite tanto…, sin embargo, yo descubrí el flamenco con artistas del denominado ‘Nuevo Flamenco’, sobretodo con Camarón; pero juegan un papel fundamental las letras de Lole y Manuel o la espontaneidad de Jorge Pardo. Tengo también siempre la mirada en los que constituyeron el flamenco clásico; artistas enciclopédicos como Pastora Pavón, artistas con voces afillás como La Paquera, sobretodo por bulerías, o artistas como Valderrama, con los cantes de ida y vuelta. También me gusta tener muy presentes a mis compañeros del flamenco contemporáneo como Rocío Márquez, Eva Yerbabuena o Dorantes.

¿Qué gana como músico con el fagot dentro del flamenco, que no conseguiría con este mismo instrumento en la clásica, por ejemplo?

La música es un lenguaje universal así que pienso que gano lo mismo en ambas disciplinas, porque de la misma manera sigo siendo yo. Lo que siempre he perseguido ha sido la libertad más absoluta. Como iba a ser el primer fagotista flamenco pues, digamos que a priori, conseguiría esa libertad que echaba en falta cuando no me denominaba como flamenco. Eso no quita para que nunca me haya visto dentro de lo clásico. Toda mi música ha tenido siempre un componente flamenco bastante importante. Ahora me gusta más que me ubiquen en torno al flamenco porque, tanto mi lenguaje como mi sonido, se ven influenciados principalmente por mi cultura, por la manera que tengo de observar el mundo.

He leído en alguna entrevista que ha pretendido que ‘el público no viera ningún vídeo suyo para que pudieran sorprenderse’. Una estrategia de marketing un poco arriesgada, ¿no le parece? 

Me guío por instintos. Creo que es necesario saber escuchar a la vida, porque ella siempre te va a ir llevando. Cuando en 2017 presenté todo esto, lo hice sin ninguna pretensión. Lo que sí tenía claro es que quería que fuese algo íntimo y, además, que la gente que fuese no hubiera escuchado nada porque iba a ser un nacimiento en toda regla. La idea inicial era grabar el primer concierto y, solo utilizando ese material, realizar una especie de reportaje. Al proponerme ir en 2018 a Granada lo tuve claro, y poco a poco todo fue cogiendo forma. Cuando poco después me dijeron de ir a La Unión fue cuando sentí que era el momento de sacar a la luz todo. Quise implicar así a la Peña Flamenco de Lucena, ya que había dejado a mi ciudad un poco al margen. Allí fue donde se terminó de grabar. Tenía claro cómo quería que fuese el documental, así que cogí a mi gente más cercana y juntos trabajamos para que se viera, de la mejor manera posible, el nacimiento del fagot flamenco. No han sido fáciles las decisiones. En 2017 lancé una campaña de crowdfunding para subsanar todos los gastos. De todas formas prefiero que haya sido así. En el flamenco siempre se han pasado ‘fatigas dobles’.

¿Cómo se consigue que un instrumento tan poco conocido sea el protagonista en una orquesta, por ejemplo?

Creo que la clave está en que el compositor sepa escribir para ese instrumento. Es otra de las características que tiene mi música, la escribo sabiendo todo lo que es capaz de darme el instrumento, soy capaz de exprimirlo porque lo domino y lo conozco. Si a esto le sumas que yo soy el interprete, pues digamos que se crea una comunión en la que se llega a trasmitir el trasfondo de esas notas. Me alegra que pueda aportar mi granito de arena a que sea cada vez más conocido.

¿Qué es “La Cahiya de mî Çueñô”?

‘La Cajilla de mis Sueños’, escrito en andaluz, es el nombre de mi próximo proyecto discográfico. Este álbum autobiográfico encierra esta historia de búsqueda, mis pensamientos, todo lo que me ha llevado a querer dedicar mi vida a desarrollar el fagot flamenco. Las composiciones son las que he ido componiendo en todos estos años atrás, pero adaptadas para exprimir por completo el fagot en este género. Es como si ahora sonasen como querían sonar hace tiempo, porque el flamenco que éstas incluían en su día era más bien intuitivo. No quiero adelantar nada más, vaya que cambie cosas a la crítica hora, que por la experiencia es una cosa bastante probable…

¿Con qué sueña Niño Rubén?

Sueño con seguir soñando, con que la vida no me quite las ganas y la ilusión para seguir adelante, con ser feliz y, sobretodo, con no traicionarme nunca. Quisiera así terminar con una de mis letras: En el arte la pureza / muestra la sinceridad / en el alma reflejados / nosotros nos fundiremos / y surgirán las semillas / de todas las creaciones.

Palop Flamenco