Vender pequeñas joyas de oro siempre ha sido una forma fácil y rápida de conseguir dinero, sobre todo para aquellas economías más vulnerables y que están pasando por un momento económico difícil. En esta ocasión y una vez más, UCE ha querido conocer cuánto podemos conseguir por esas pequeñas joyas, teniendo en cuenta, además, que el oro se encuentra actualmente en su precio máximo.

Para ello han visitado un total de 18 establecimientos situados en las localidades más populosas de nuestra región, en concreto en Badajoz, Cáceres, Don Benito, Mérida y Plasencia. En las visitas siempre han presentado la misma joya, dependiendo de la localidad, en concreto una alianza de oro de 18 quilates.

El funcionamiento de estos establecimientos es relativamente sencillo, el consumidor debe de cumplimentar un cuestionario con sus datos personales y copia del DNI y entregar la joya para su tasación con la finalidad de que el establecimiento haga una oferta económica. Si el consumidor la acepta, recibirá el dinero, de lo contrario deben devolverle el producto en el mismo estado en que se depositó.

Dado que lo que marque la báscula es lo que se nos pagarán, es muy importante saber de antemano cuánto pesa nuestra joya. Para ello, podemos utilizar una báscula electrónica de cocina, que suelen tener bastante precisión o, mejor aún, pedir a un joyero de nuestra con-fianza que la pese. Además, una vez que llevemos nuestra joya al establecimiento, debemos exigir a quien nos atienda que nos enseñe la báscula, pues en casi el 75% de las visitas que realizamos, la báscula estaba en un lugar fuera de nuestro alcance visual, y no nos mostraron el resultado.

Por otra parte, saber cuánto pesa nuestra joya nos ayudará a determinar si la tienda elegida está obrando correctamente, pues tendremos, al menos, una referencia del peso real de la pieza. Y es que, lamentablemente  UCE ha encontrado diferencia de peso en la misma joya dependiendo del establecimiento de más de un 12%, encontrándose entre 1,26 gramos y 1,10 gramos. Esta diferencia, si bien en piezas tan pequeñas no son realmente sustanciales en cuanto al dinero que nos ofrecerán, sí que pueden suponer un perjuicio importante en joyas de mayor peso.

Tan importante como el peso es la calidad del oro. Normalmente, las joyas que tenemos en casa serán de 18 quilates o menos. En nuestro caso, teníamos claro que las alianzas sí cumplían este requisito. En las pruebas que realizan en estos establecimientos, la misma pieza, en nuestro caso alianza, dio positivo en la prueba de 18 quilates, y tan sólo en un establecimiento bajó a los 14. El precio ofrecido, en consecuencia, fue inferior.

Tasaciones muy distintas

Para poder comparar el precio ofrecido en cada uno de los establecimientos, estos se visitaron el mismo día, con la finalidad de saber el precio que nos ofrecían por cada gramo de oro.

En este sentido, la primera diferencia la encontramos en el único establecimiento que nos informó que nuestra alianza era de 14 quilates, y que el precio del gramo en esa calidad estaba a 42 euros. En el resto de los establecimientos, con una pieza de 18 quilates, también hemos encontrado precios muy dispares, que van desde los 53 euros el gramo ofrecido en un establecimiento de la localidad de Mérida a los 68,75 euros en Badajoz. Esto supone que, si la joya que vamos a vender pesa 2,5 gramos, la diferencia de precio entre un establecimiento y otro llega a rozar el 23%.

Pero, y si nos centramos en los establecimientos por localidad, ¿hay diferencia de precio? Dentro de la misma localidad también encontramos diferencia de precios, pero en menor porcentaje. Por ejemplo, en la ciudad de Mérida el precio más bajo ha sido de 53 € el gramo, frente a los 60 € del mejor precio (12%). En Cáceres, el precio más bajo ha sido de 55,5 €, y el más alto de 65 € (17%). Pero la gran diferencia la encontrábamos en Badajoz, donde podemos encontrar una diferencia de precio de 12,75 euros el gramo, entre el establecimiento que más o menos ofrece. Es decir, la misma joya, que en este caso pesa 2,40 gramos, en el establecimiento más económico de los visitados nos ofrecerán 127,20 euros (a 53 € el gramo), mientras que en el comercio con mejor precio de oro nos darán 165 euros.

Los problemas detectados

El negocio de la compraventa de oro es libre y, por tanto, cada comerciante puede ofrecer por lo que le llevemos lo que estime oportuno. Pero el precio nada tiene que ver con los graves problemas que hemos detectado, y que deberían ser solventados con urgencia.

En primer lugar, en casi el 75% de los establecimientos visitados no se muestra el peso de nuestra joya. Siendo este el factor determinante del precio que obtendremos por ella sería deseable y obligatoria una mayor información a este respecto. Además, es muy llamativa la diferencia de hasta el 12% del peso obtenido en distintos establecimientos.

Es cierto que no existe una regulación específica sobre estos establecimientos, pero sí sobre diferentes aspectos que el consumidor debe conocer, como es el caso de las básculas. Las básculas que se utilizan para pesar el producto deben de estar sujetas a controles periódicos por parte de la administración. Todas las básculas deben llevar adherida una etiqueta de verificación. Esta etiqueta deberá estar en el propio aparato o en la instalación que lo soporta, de forma permanente y totalmente visible en dicha etiqueta debería de figurar el resultado de la verificación, así como la fecha final de su validez.

Por este motivo, UCE va a solicitar al Instituto de Consumo de Extremadura (INCOEX) una campaña de control sobre las básculas utilizadas en este tipo de establecimientos.

El contenido de la publicidad que realice el establecimiento a través de folletos, anuncios publicitarios, carteles o cualquier otro medio, tanto en relación con el precio al que se paga el gramo de oro, como cualquier otra circunstancia, es vinculante, por lo que el consumidor podrá exigir que se cumpla lo publicitado. Sin embargo, han encontrado comercios que publicitaban un precio y ofrecían otro distinto.

De la misma manera, la aplicación de la cotización a ese peso, también se hace de forma absolutamente opaca para el cliente en más del 90% de los establecimientos. Bien sea en el ordenador o directamente en la calculadora, no han tenido acceso al resultado final de esas operaciones.

Por otra parte, les ha llamado poderosamente la atención el más que probable éxito de un posible regateo en muchos establecimientos, pues, cuando recogían las piezas para “consultar en casa” si el precio le interesaba o no, en un 20% de ellos les ofrecieron algo más de dinero si se la dejábamos ya. Por eso, recomiendan que si piensa vender sus joyas, intente negociar con la tienda un mejor precio. Hay que destacar que en sólo tres de los establecimientos visitados nos pidieron nuestro documento de identidad antes de valorar las joyas. Esta identificación se utiliza, según nos explicaron, para recabar nuestra autorización a la hora de realizar las pruebas de quilataje a la que iban a ser sometidos nuestros artículos pues, del raspado y la aplicación de ácidos, podrían producirse daños en los mismos.

En cualquier caso, el consejo es claro: visite dentro de su localidad y si puede fuera de ella, varios establecimientos, ya que podrá comprobar cuál es la mejor oferta. Pida tener la máquina de peso a la vista, y por último recuerde que este tipo de establecimiento está obligado a disponer y facilitar las hojas de reclamaciones en el momento que el consumidor las solicite.

Conclusión

En definitiva, la falta de transparencia en muchas tiendas de compro oro sigue siendo una práctica preocupante que afecta directamente a los consumidores. En la mayoría de los casos, los clientes no pueden ver el peso real de sus joyas ni conocer con precisión la pureza o calidad del oro que están vendiendo. Esta opacidad genera desconfianza y deja al ciudadano en una posición de clara desventaja frente a establecimientos que, en muchos casos, se aprovechan del desconocimiento y la urgencia económica de las personas.

Es fundamental que las autoridades refuercen la regulación del sector y que las tiendas estén obligadas a mostrar públicamente el peso, la ley del metal y los criterios de tasación utilizados. Solo con prácticas transparentes y verificables se podrá garantizar una relación justa entre comprador y vendedor, y devolver la credibilidad a un mercado que hoy opera en una preocupante zona gris.

Por la parte de UCE, han solicitado al INCOEX una campaña de inspección para controlar que el funcionamiento de este negocio se ajuste a la legalidad vigente.