Cada primer viernes del mes de marzo, la localidad pacense de Ribera del Fresno revive una de sus tradiciones religiosas más arraigadas: la visita a la ermita del Cristo de las Misericordias, patrón del municipio, donde fieles y devotos acuden durante toda la jornada para orar ante la imagen y pedirle tres deseos.
La costumbre, profundamente vinculada al inicio de la Cuaresma, congrega cada año a centenares de personas que se acercan hasta la Ermita del Cristo de las Misericordias. Desde primeras horas de la mañana y hasta bien entrada la noche, los fieles suben al camarín para venerar la imagen y participar en el tradicional besapié, un gesto de devoción que para muchos marca simbólicamente el comienzo de los actos cuaresmales en la localidad.
La tradición ha quedado reflejada a lo largo de los años en numerosas crónicas locales. Ya en 2010 se destacaba la multitudinaria participación de devotos durante el besapié, celebrado tras los cultos cuaresmales y precedido por un Vía Crucis, en una jornada que se prolongaba desde el mediodía hasta la noche bajo la presidencia del entonces párroco Antonio Pina Ramos.
Dos años más tarde, en 2012, las crónicas volvían a señalar las colas de fieles para venerar al Cristo. La imagen, una escultura sevillana del siglo XVII vinculada estilísticamente a la escuela de Pedro de Roldán, fue restaurada en la década de 1990 por el escultor llerenense Luis Peña. El escritor Fernando Pérez Marqués la describía como una obra “realista y emotiva, fervorosa imaginería del siglo XVII, mística y decadente”.
La devoción al Cristo de las Misericordias está rodeada además de una conocida leyenda local. Según la tradición oral, cuando la imagen era trasladada en un carro tirado por bueyes y llegó al paraje del Calvario, los animales se detuvieron sin poder avanzar. Interpretado como una señal divina, los vecinos decidieron levantar allí una ermita para rendir culto a la imagen, origen del santuario que hoy se conserva.
La jornada del primer viernes de marzo forma parte del calendario religioso local y convive con otras celebraciones devocionales como la novena y festividad de San Juan Macías, nacido en esta misma villa y considerado el primer santo extremeño vinculado a la evangelización de América.
Ni siquiera circunstancias excepcionales, como la pandemia de COVID-19 en 2021, lograron interrumpir completamente la tradición, aunque entonces se limitaron algunos ritos como el acceso al camarín. Hoy, superadas aquellas restricciones, la costumbre continúa viva: cada año, los vecinos vuelven a acercarse al Cristo para cumplir un gesto sencillo pero cargado de significado, rezar, besar sus pies y confiarle tres deseos
Juan Francisco Llano

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