Son pocos y se pueden contar con los dedos de la mano de presidentes o primer ministro que hagan una gestión eficaz y en función de la gente, del pueblo, porque por eso es por lo que están ahí.
Se han dedicado la inmensa mayoría a enriquecerse apoyando a las empresas y nada más. No logran cambiar nada por lo que han llegado.
Todo queda exactamente igual. Se ponen rojos y después amarillos pero terminan como todo se acaba. No obstante son el reflejo tal cual de una sociedad estanca, inmóvil, que no cambia y que siempre está pensando en solventar sus apetencias personales.
Es una sociedad que engaña, que está pervertida, degenerada en todos sus cimientos , desde lo familiar que no existe hasta la célula primigenia de la pareja donde tampoco hay mucho.
Se vive en un mundo que parece que está muy veloz pero que no va con el auto a ninguna parte porque vuelve a regresar al punto de
origen. A la hora de esos “supuestos cambios” se le da a “elegir” al pueblo entre una opción y otra pero son la misma moneda con dos caras.
El cambio hasta el momento de hoy no existe , pero ni entre las clases populares porque han elegido quedarse donde están sin articular palabra , sin cambios profundos en sus vidas, sin riesgo y etc…
Lo único que se hace es criticar y maldecir al vecino, al que no conozco, pero me cae mal porque es gordo, por ejemplo, o porque es gay o porque tiene un coche mejor que el mío.
En estas circunstancias sociales de mendicidad psicológica que puedes esperar de tus gobernantes , yo creo que nada. Porque cada persona que habita un país o región está igual que el que gobierna la diferencia es el grado de poder por un breve tiempo pero nada más.
Jesús Antonio Fernández Olmedo

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