Manu Chao volvió a desplegar en Badajoz todo el poder de su música sin fronteras, con la vitalidad de siempre, el mismo carisma arrollador y un repertorio que convertido el recinto de la alcazaba en una fiesta sin tregua.
El artista presentaba en Badajoz su propuesta más personal, en formato acústico, sin perder un ápice de intensidad. Durante el show fue enlazando tema tras tema en una actuación sin pausas, acompañado de una formación mínima pero muy eficaz: guitarra de apoyo, percusión y, en algunos momentos, vientos que aportaron matices festivos y cálidos a un repertorio que viajó por sus clásicos y por los temas de su reciente trabajo ‘Viva tú’.
Desde los primeros compases, la conexión con el público fue absoluta. ‘Clandestino’, ‘Me gustas tú’, ‘La Vida Tómbola’, ‘King of the Bongo’… Cada canción era coreada, celebrada y vivida como si fuera la primera vez. Sentado en su taburete, sin necesidad de grandes artificios, Manu Chao movía los brazos, arengaba al público, sonreía sin parar y conseguía que el tiempo se detuviera durante la noche más esperada del festival.
Hubo repeticiones, improvisaciones, versiones reinventadas… pero nadie parecía querer que se apagara la música. Al cierre, el público respondió con una ovación rotunda, consciente de haber asistido a una de las citas más memorables del verano musical pacense.
La velada había comenzado con el talento local de Flako Rodríguez, músico, guitarrista, cantante, letrista y poeta de Olivenza que fue recibido con entusiasmo por los asistentes.
Y como broche final, tras el potente directo de Manu Chao, la fiesta se prolongó con los ritmos del DJ Miguel Rumbao, también percusionista habitual del cantante, que se encargó de cerrar con buena energía esta edición del festival.

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