A veces me planteo que, si publicara el libro que tengo en mente, mis lectores me preguntarían cuáles episodios están basados en hechos reales y cuáles son pura ficción. Aquí va uno de ellos.
Ayer se votaba a la Asamblea de la FHEx. Como ya he contado en otros artículos, el proceso electoral ha estado, desde el principio, rodeado de polémica.
Vamos a poner un poco de orden en lo ocurrido: en septiembre de 2024 se inicia el proceso. Durante noviembre se presentan varias reclamaciones y se paraliza el calendario electoral. En diciembre se resuelve retrotraer el proceso a la elección de la mesa electoral. En mayo vuelve a empezar otra vez desde el principio.
Desde entonces se han ido concatenando recursos y desestimaciones que ya hacen imposible seguirles la pista. Después de todo lo referente al censo —como entidades deportivas sin actividad, técnicos sin título, electores sin licencia, electores votando en varios estamentos, federados que han quedado fuera sin explicación… o mi favorito: gente que practica una actividad que no es deportiva, pero constituye el grueso del electorado de un bando—, llega el momento de ejercer el voto.
Se puede hacer de dos formas: presencial o por correo.
Vamos al voto por correo. El Reglamento Electoral dice que, si no puedes votar presencialmente, puedes hacerlo por correo previa solicitud a la Junta Electoral. En el artículo 19.2 se establece: “El plazo, lugares, días y horarios concretos en los que se podrá presentar la solicitud deberán ser especificados en el calendario electoral.”
Nos vamos entonces al calendario electoral, que dice: “31/07/2025. Inicio del plazo para solicitar la documentación relativa al voto por correo, en los lugares, días y horarios que se indiquen en el Reglamento Electoral.”
No sé vosotros, pero yo lo veo claro y cristalino. ¿El proceso de voto por correo? No. La falta de transparencia a la hora de facilitar el acceso al voto a todos los federados.
Hubo gente que intentó informarse por varios medios sobre cómo votar por correo, pero no obtuvo una respuesta clara. A la mayoría de federados les tocó desplazarse para votar o quedarse sin poder ejercer su derecho: una forma muy bonita de intentar alterar un resultado. Aunque, realmente, me asalta la duda de si esto se debe a algo premeditado o, simplemente, a que funcionan mal desde siempre.
Para ilustrar lo que se vivió ayer durante el proceso del voto presencial, voy a contaros una historia —al más puro estilo spaghetti western— y vosotros decidís si es realidad o ficción:
“Faltaba poco para la puesta de sol en Cañada de Sancha Brava, pero el calor seguía siendo sofocante. El aire apenas movía las hojas de los árboles y no calmaba en absoluto la sensación de sofoco que se palpaba en el ambiente.
La gente acudía con más afluencia según avanzaban las manecillas del reloj, alcanzando un buen número de personas hacia el final de la tarde.
Alguien, uno de nuestros personajes principales, llegó con un fajo de votos bajo el brazo. Era el ansiado voto por correo.
Los allí presentes clamaron por ver la documentación referente a ese voto. ‘Ya se verá’, aseguró su custodio.
De momento, una voz se alza de entre la multitud: ‘Tengo pruebas de que alguien no ha solicitado su documentación para votar por correo y que no ha votado. Esta persona está dispuesta a asegurarlo como sea en caso de que figure su nombre en la lista de los que han votado por correo’.
Las miradas se cruzaron: iracundas, furtivas… pero solo eran miradas. La tensión podía cortarse con una navaja de Albacete.
Al cabo de un tiempo, una de las personas presentes decide salir a respirar, pues el aire allí dentro estaba viciado —no tanto como el proceso electoral, pero viciado al fin y al cabo—.
Al volver, es acusada flagrantemente de robo: ‘¡Tú has robado el voto por correo!’, tronó una voz acusadora desde la otra parte de la sala, señalándola inequívocamente.
‘Aquí el único ladrón que hay eres tú’, se defendió la persona acusada. De pronto, se produjo una escalada de insultos y acusaciones de todo tipo, que acabó con el lanzamiento del líquido elemento a la cara de la acusada. Ella respondió cual Margarita Seisdedos en sus buenos tiempos y, del intercambio de insultos, pasaron al intercambio de objetos contundentes, que volaban en parábola sobre la barra (en efecto, las elecciones se estaban llevando a cabo en un lugar con barra de bar). Y entonces se desató el caos.
Gritos, insultos, amenazas, objetos voladores…
De algún modo, volvieron a la normalidad y continuaron con el recuento. Pero el voto por correo había desaparecido y, a día de hoy, nadie sabe dónde está…”
¿Realidad? ¿Ficción?
Lo cierto es que el voto por correo no está.
Para consultar los resultados podéis acudir a la web de la FHEx. Pero lo importante sería saber en qué punto se encuentra todo esto. Espero que se haya recurrido. Es más: lo lógico hubiera sido llamar a la policía en el momento en que notaron que faltaban los votos. Pero, viendo cómo se hacen las cosas allí, quizá invocar a las fuerzas del orden era lo último que más de uno deseaba.
Contado así hace gracia, pero si nos paramos a ver la situación en la que estamos por la podredumbre que se extiende en estos mundos federativos, da entre asco y pena.
Hay ciertos niveles de lucha a los que no tiene sentido llegar, salvo que te juegues el sustento. Y jamás debería ser el sustento de nadie el futuro del deporte de toda una federación.
Celia Oribe

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