El tener hoy un trabajo no es igual a estabilidad, seguridad o estatus digno.
Los trabajadores cada vez se atisban a salarios cada vez más bajos o a tener que trabajar muchas horas para que les compense. Vivimos en un mundo donde la inestabilidad del mercado laboral es acuciante.
La vida hoy de una persona puede tener varios recorridos laborales dado las continuas crisis económicas y turbulencias por donde podríamos atravesar. Los más jóvenes a pesar de su agilidad no se libran para nada de estas situaciones.
Por supuesto el acceso a la vivienda es algo utópico para ellos. Sin embargo en toda esta situación económica que afecta a casi todos los lugares del mundo se nos escapa una cuestión fundamental: La unidad, la colaboración, la solidaridad.
Todas las generaciones desde el inicio del hombre hasta hoy han tenido una lucha sin cuartel para poder vivir dignamente o por lo menos intentar avanzar. La vida no es fácil para nadie o por lo menos para las mayorías, decía Marie Curie.
El que se esfuerza la vida le recompensa. Pero estos valores como la unión hoy día han desaparecido prácticamente, o quedan matizados.
Para poder cambiar el mundo necesitamos cambiar nosotros mismos y también paralelamente unirnos, ayudarnos, tender puentes y la solidaridad resulta imprescindible.
Nada es posible sólo y menos los cambios sociales a los que estamos hoy abocados como ¿Qué va a suceder con la expansión de la robótica?
¿Acaso arrasará sin piedad con millones de empleos? ¿Acaso piensan obligar al ser humano a vivir en la mendicidad o marginado?
No sabemos a lo que nos vamos a encontrar, por lo que es de coherencia buscar tejer grupos, relaciones sociales, asociaciones etc. para poder presionar a los que deciden, que se pueda establecer en la sociedad finalmente un espacio donde las decisiones emanen de una sociedad de base culta y con un verdadero propósito sabiendo lo que quiere para sí y para otros.
JMM Caminero

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