El periodista de Diario AS, enviado especial al Mundial de Fútbol de 2026, recibió el distintivo durante una jornada que unió poesía, música, identidad, memoria y participación ciudadana

Ribera del Fresno volvió a convertir el Día de Extremadura en una celebración de pertenencia, memoria y orgullo colectivo. El municipio conmemoró este martes, 8 de septiembre, la festividad de la Comunidad Autónoma con un acto institucional que tuvo como principales protagonistas la reivindicación de las raíces extremeñas, la cultura local y el reconocimiento público al periodista ribereño Fernando Sánchez Tavero, distinguido como «Ribereño del Año 2026».

La jornada comenzó en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, donde el alcalde, Miguel Ángel Araya, condujo un acto que conjugó la interpretación del Himno de Extremadura, la poesía de Isidro Barroso Moro, la lectura del manifiesto institucional y una reflexión sobre el presente y el futuro de Ribera del Fresno.

La programación se trasladó posteriormente al inicio del Paseo del Cristo de las Misericordias, donde tuvo lugar el reconocimiento a Sánchez Tavero, el VIII Concurso de Fotografía «Ribera en Imágenes», el izado de la bandera de Extremadura por el nuevo Ribereño del Año y las actuaciones de la Banda Municipal y del Grupo Folklórico Valdemedel, antes de los tradicionales concursos y degustaciones de productos de la tierra.

La estructura de la celebración mantiene, de este modo, una fórmula que Ribera viene desarrollando desde hace años y que convierte el 8 de septiembre en una jornada donde identidad regional y vida asociativa local caminan juntas. Ya en 2016, la Plaza de España acogía actos institucionales, izado de banderas, Himno de Extremadura, folklore, reconocimiento del «Ribereñ@ del Año» y muestras de productos de la tierra.

La poesía como expresión de las raíces

El acto institucional comenzó con la interpretación del Himno de Extremadura, antes de que el escritor ribereño Isidro Barroso Moro tomara la palabra.

Barroso abrió su intervención con dos poemas dedicados a padres, madres e hijos. «No hace falta celebrar un día concreto para que sea el día del padre y el día de la madre», explicó antes de introducir unos versos construidos alrededor del reconocimiento familiar y de la gratitud.

Su participación aportó al acto una dimensión íntima y literaria que después adquiriría un significado especialmente vinculado a la jornada cuando recitó su poema «Extremadura», escrito desde la distancia y la nostalgia.

El texto se convirtió en una declaración de pertenencia a la tierra extremeña: el recuerdo de los paisajes, las raíces, el olor de la primavera y la experiencia de quien se encuentra lejos y descubre, precisamente a través de la distancia, el valor de aquello que considera propio.

Fue precisamente ese poema el que llevó al alcalde a invitar personalmente al autor a participar en la celebración. Araya explicó que había escuchado anteriormente la composición y que había pensado incorporarla al acto, pero que finalmente consideró que «no iba a quedar lo mismo» si la recitaba otra persona.

La decisión permitió que la poesía regresara a su autor y que la voz de un ribereño sirviera como hilo conductor entre cultura, memoria y territorio.

Un manifiesto centrado en memoria, igualdad y futuro

En su manifiesto, Miguel Ángel Araya situó la celebración en torno a tres conceptos: reivindicar, justificar y comprometerse.

El alcalde apeló a la necesidad de conservar el legado recibido de abuelos, padres, madres y generaciones anteriores, y reivindicó el trabajo cotidiano realizado durante décadas en los hogares, el campo y las fábricas como parte de la construcción económica y social de Extremadura.

En ese contexto, puso como ejemplo a la Hermandad del Cristo de las Misericordias, elegida este año como pregonera oficial de las fiestas patronales, al considerar que representa el valor de un grupo de personas que durante años trabaja por un objetivo común.

El discurso incorporó también una defensa de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres y una reivindicación de una sociedad libre de violencia, además de referencias a la protección de los animales y del patrimonio natural extremeño.

«Sentir orgullo de nuestra tierra no es solo quererla, es comprometernos con ella», resumió el alcalde en uno de los pasajes centrales de su intervención.

El alcalde sitúa la inversión y el desarrollo económico en el centro del discurso

La segunda parte del manifiesto estuvo marcada por un balance de la gestión municipal y por las expectativas económicas de Ribera del Fresno.

Araya aseguró que el municipio se encuentra «rozando el menor paro de toda la historia» y destacó la llegada de fondos destinados a paliar los daños provocados por las inundaciones de enero y febrero de 2025.

Según las cifras expuestas por el alcalde durante el acto, Ribera del Fresno habría recibido inicialmente 11,5 millones de euros procedentes del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática y de fondos europeos, a los que añadió otros 900.000 euros, elevando el montante anunciado hasta los 12,5 millones de euros.

El regidor calificó esta inversión como la mayor subvención pública recibida en la historia del municipio y señaló que los proyectos ya se encuentran en marcha, con un plazo aproximado de treinta meses para su ejecución.

Araya vinculó estas inversiones a una estrategia más amplia de transformación económica de la localidad, en la que situó también la implantación de Huevos Guillén, presentada como la mayor inversión empresarial realizada hasta ahora en el término municipal, y anunció la próxima llegada de otra empresa industrial con una inversión aproximada de 30 millones de euros y una previsión de 20 empleos fijos.

Asimismo, mencionó la ampliación del polígono industrial en más de 100.000 metros cuadrados, las inversiones en infraestructuras educativas, la mejora de caminos y pistas y la construcción de la nueva glorieta de la carretera EX-342.

El mensaje político estuvo acompañado, no obstante, de una apelación al entendimiento. El alcalde pidió dejar atrás «el tú más» y el menosprecio hacia quienes piensan de manera diferente y defendió la necesidad de que Gobierno y oposición trabajen desde sus respectivas posiciones para mejorar el municipio.

«Ribera es familia, raíces»

Pero el momento más emotivo de la jornada llegaría con la entrega del distintivo «Ribereño del Año 2026» a Fernando Sánchez Tavero.

La distinción nació para reconocer a personas, entidades o colectivos vinculados a Ribera del Fresno que, por su trayectoria, esfuerzo, dedicación o contribución, merecen el reconocimiento de sus vecinos. La elección corresponde a las asociaciones y colectivos participantes en la programación del Día de Extremadura.

El encargado de presentar al galardonado fue el concejal de Deportes, Andrés Bermejo, quien reivindicó durante su intervención que Extremadura no debe reducirse a una única fecha en el calendario.

«Extremadura no solamente una fecha, es mucho más: es su cultura, es su gente, es su patrimonio, es la generosidad de los extremeños y extremeñas», señaló.

Bermejo repasó la trayectoria vital y profesional de Sánchez Tavero, nacido el 2 de julio de 1989 e hijo de padres ribereños. Recordó sus primeros años en Ribera, sus etapas posteriores en La Zarza, Cáceres y Mánchester y su formación universitaria hasta llegar al periodismo deportivo.

Su incorporación a Diario AS en 2019 supuso el punto de inflexión definitivo de una carrera que le llevaría posteriormente a formar parte de la sección del Real Madrid y a cubrir acontecimientos deportivos internacionales de primer nivel. Su trayectoria ha quedado culminada en 2026 con la cobertura del Mundial de Fútbol, experiencia que previamente había compartido con sus paisanos en el encuentro-coloquio «Desde Ribera al corazón del Mundial».

El propio Ayuntamiento había destacado antes del acto que su elección pretendía reconocer no solo su trayectoria profesional, sino también su capacidad para llevar el nombre de Ribera del Fresno fuera de sus fronteras.

Fernando Sánchez: «No hay mayor regalo que sentirse querido»

Visiblemente emocionado, Fernando Sánchez Tavero reconoció que recibir el galardón le situaba en una posición completamente diferente a la habitual.

«Cuando me llamaron, lo primero que me salió fue preguntar: ¿y eso, a mí?», explicó. Acostumbrado a contar las historias de los demás, confesó que encontrarse en primera persona ante sus vecinos le producía una sensación extraña.

Utilizó incluso una imagen futbolística para explicar ese cambio de perspectiva: «Un pájaro disparando a una escopeta, De la Fuente escribiendo la crónica de la final, Vinicius de portero».

Pero tras la sorpresa apareció, dijo, «la alegría y el orgullo» y, sobre todo, el agradecimiento.

«No hay mayor regalo que sentirse querido. Y yo me siento así. Tengo esa suerte», afirmó.

Su discurso fue, fundamentalmente, un homenaje a las raíces.

Recordó al niño que seguía los resultados deportivos en el teletexto, que dormía con una guía de Marca o AS en la mesilla, que acudía a San Isidro a comer filetes empanados y jugar al bingo, que aprendió a nadar en la piscina del pueblo con sus tías o que cruzaba la calle del Hoyo para ir de casa de una abuela a la otra.

Y encontró en esos recuerdos la respuesta a una pregunta que hasta entonces no sabía contestar: qué consejo le daría hoy a aquel Fernando que soñaba con ser periodista.

«Que te quieran, todo lo demás vendrá», afirmó.

«El mayor patrimonio de Ribera es su gente»

El periodista reivindicó después el significado de las raíces.

«Para mí las raíces son lo más importante. Porque son las que te sostienen siempre», manifestó, vinculándolas a los momentos en que toca tomar decisiones difíciles, emigrar o «remar contracorriente».

Para Sánchez Tavero, Ribera del Fresno es mucho más que un lugar de nacimiento.

«Ribera para mí, además de muchas otras cosas, es familia, raíces. Las que están y las que no. Porque el fruto de las que ya no están perdura», señaló.

Y enumeró algunas de las imágenes que para él forman parte de esa identidad: los tractores en vendimia, los compadres, el domingo del Pozo, las tapas de guarrino y bacalao durante las fiestas o las reuniones en el Chévere.

Pero por encima de todas ellas situó a las personas.

«El mayor patrimonio de Ribera es su gente», afirmó, antes de describir a quienes sonríen ante los éxitos ajenos, saludan aunque hayan pasado años sin verse, preguntan por uno a través de su madre, abren la puerta, acompañan y recuerdan.

«La riqueza no está en lo que se exhibe, sino en lo que permanece», sostuvo.

Una reivindicación de Extremadura desde el orgullo

El discurso de Fernando Sánchez Tavero trascendió después el ámbito local para convertirse en una reivindicación de Extremadura.

El periodista lamentó que la comunidad siga siendo desconocida para muchos y recordó que todavía encuentra con demasiada frecuencia, durante sus viajes, el «no he ido nunca» referido a Extremadura.

Sin embargo, quiso dejar claro que su reivindicación no nace de la confrontación.

«Esto no es una reivindicación desde la rabia, sino desde el orgullo», afirmó.

Orgullo de ser extremeño y ribereño; de pertenecer a una tierra que definió como «honesta, tranquila, firme, noble, elegante, histórica, brava y salvaje».

Una tierra que, pese a las dificultades, consideró ejemplo de «dignidad, de trabajo, de memoria, de futuro y de humildad».

De Ribera al Mundial

La parte final de su intervención conectó directamente sus raíces con el que ha sido uno de los grandes retos profesionales de su carrera.

Sánchez Tavero recordó un verano «diferente, atípico», iniciado a miles de kilómetros de Ribera, en Chattanooga, y marcado por el seguimiento de la selección española durante el Mundial de 2026.

Puebla, Atlanta, Guadalajara, Los Ángeles, Dallas o Nueva Jersey fueron algunos de los escenarios de una cobertura que, según explicó, le llevó a recorrer más de 30.000 kilómetros, realizar 18 vuelos y publicar 232 artículos durante 47 días.

«Las mejores historias no se planean, se viven», afirmó.

Y ahí encontró el sentido último del reconocimiento recibido en su pueblo.

Después de recorrer medio mundo, entrevistar a futbolistas y trabajar desde algunos de los escenarios más importantes del deporte internacional, regresar a Ribera para recibir el reconocimiento de sus vecinos adquiría un significado distinto.

«Uno puede recorrer medio mundo, cruzar océanos, entrevistar a jugadores que admira desde niño… pero la sensación de estar hoy aquí, en Ribera, en casa, donde todo comenzó, es diferente», señaló.

«Las raíces no solo sujetan: también empujan».

Un Día de Extremadura que mira al pasado sin renunciar al futuro

El acto concluyó con nuevas intervenciones poéticas de Isidro Barroso, entre ellas «Soy yo», una composición sobre el miedo a ser juzgado, la inseguridad y la decisión de encontrar una voz propia.

La jornada prosiguió en el Paseo del Cristo con el reconocimiento del VIII Concurso de Fotografía «Ribera en Imágenes», cuyo galardonado, Lorenzo Moreno, resumió su participación con una frase sencilla: «La foto resume dos de mis grandes pasiones: mi pueblo Ribera del Fresno y la fotografía».

Después llegó uno de los momentos más simbólicos de la celebración: Fernando Sánchez Tavero fue el encargado de izar la bandera de Extremadura, acompañado por la Banda Municipal de Música.

La programación continuó con las actuaciones de Valdemedel y la Banda Municipal, los concursos de productos de la tierra, el aperitivo y el vino de honor.

Así, Ribera del Fresno volvió a celebrar su Día de Extremadura combinando tradición e identidad con una mirada hacia el futuro. Una fórmula que ya estaba presente en las celebraciones de años anteriores: en 2016, por ejemplo, el programa reunía igualmente instituciones, asociaciones, folklore, música, productos agrícolas y el reconocimiento a un ribereño por su contribución a proyectar el municipio.

En 2026, sin embargo, el protagonista fue un periodista que ha convertido aquella afición infantil por el fútbol y aquellas raíces ribereñas en una trayectoria profesional que le ha llevado hasta el corazón del deporte mundial.

Y, precisamente por eso, la frase que cerró su intervención resume quizá mejor que ninguna otra el espíritu de la jornada:

«Gracias, de verdad, por hacerlo posible».

Porque el Día de Extremadura en Ribera del Fresno no fue únicamente una celebración institucional. Fue también un ejercicio de memoria, una reivindicación de la identidad y, sobre todo, una manera de recordar que incluso cuando sus vecinos recorren miles de kilómetros, hay raíces que permanecen y un pueblo que sigue siendo casa.

Juan Francisco Llano