Mañana, 31 de mayo, se celebra el Día Mundial sin Tabaco recordando a la sociedad los daños perjudiciales que puede causar su consumo. Según la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) el tabaco está relacionado con el 30% de los tumores y es el responsable del 90% de los cánceres de pulmón.

Dejar de fumar disminuye la posibilidad de padecer cáncer; además, la AECC informa que después de estar 15 años sin hacerlo los pulmones pueden aproximarse a los de una persona no fumadora, aunque depende del consumo que la persona haya tenido. Según la Organización Mundial de la Salud el tabaquismo es una enfermedad de carácter adictivo.

Para tratar este tema hablamos con Alfonso Fernández Gónzalez, médico en el Centro de Atención de Urgencias y Emergencias 112 durante la epidemia del COVID-19 en Extremadura, y con Patricia Cardito Nava, psicóloga de la Asociación Española contra el Cáncer de la provincia de Badajoz.

Alfonso Fernández indica que el mejor método para dejar de fumar es “la iniciativa de la persona en el momento de hacerlo, aunque existe un tratamiento llamado Vareniclina financiado por el Sistema Nacional de Salud que es el que más se está utilizando en estos momentos”.

En la Asociación contra el Cáncer se imparte una terapia grupal psicológica totalmente gratuita de nueve sesiones presenciales y tres sesiones telefónicas de seguimiento, en estas se aporta el contenido necesario para una reducción progresiva y conseguir que se deje de fumar.  “El éxito que tiene esta terapia suele alcanzar un porcentaje alto del 60-70%” (Cardito, 2020).

Dejar atrás el consumo de tabaco “implica ayuda psicológica y médica” (Fernández, 2020). Asimismo, Patricia Cardito explica que el tratamiento combinado es muy eficaz para aquellos casos en los que existe alta dependencia del tabaco.

Tomar la iniciativa para dejar de fumar es un hecho difícil ya que esta adicción se considera grave y complicada. “La ayuda que deben recibir las personas fumadoras deben ser las que precisen, a veces se utiliza un día que se considera especial como es la entrada de año para abandonar este vicio. Además, en atención primaria se realiza un seguimiento del paciente para evitar posibles recaídas” (Fernández, 2020).

Desde el punto de vista psicológico, la psicóloga explica que “si ya existe la intención de dejar de fumar es muy importante que la persona esté concienciada y motivada por sí misma, también debe de contar con el apoyo del entorno y el control que identifique su capacidad de conducta y hábito de fumar”. Esta pone de ejemplo que para dejar de fumar hay que saber cuántos cigarrillos se fuman para descender el consumo; es decir, “primero hay que conocer un hábito para poder cambiarlo”.

Cada vez hay más personas que tienen la intención de dejar de fumar y el 74% de ellas han iniciado el intento alguna vez en la vida. Según Pfizer, empresa farmacéutica estadounidense, numerosos fumadores lo intentan dos veces llegando a conseguirlo a la tercera.

Alfonso Fernández comenta que las mujeres “son más perseverantes que los hombres, ya que tienen más voluntad para dejar de fumar”, aunque el porcentaje de “éxito en ambos casos suele ser bajo” debido a la dificultad que se presenta en el momento de poner esta iniciativa en marcha.

Acabar con este vicio que tanto perjudica la salud de todos y todas es unos de los objetivos principales de los sanitarios, al igual que el de muchos de los familiares que padecen enfermedades causadas por el tabaco. Al respecto, señala que “el tabaco no hace bien a nada ni a nadie, los años que fumes de menos los ganarás de más”.

Por tanto, como apunta Patricia Cardito “es importante pensar en las consecuencias o repercusiones de la salud de la persona fumadora, pero también en los fumadores pasivos, pensemos en nuestra salud pero también en la de nuestro entorno”.

Celia Picón