Hablamos de racismo cuando se produce un sentimiento exacerbado hacia un grupo étnico, concepto que no debería existir porque tendríamos que haber acabado con ello. Pero, aún está presente en nuestras vidas, quizás estamos siendo hipócritas en estos instantes con la muerte de George Floyd, en Estados Unidos. El odio hacia personas de otra raza aún existe en todas las partes del mundo, de diferentes formas, la mayoría no acaban con la muerte del ser humano, pero a veces inconscientemente actuamos separando distintos grupos sociales.

Esta discriminación nace de la religión, del lugar de procedencia, del color de piel, de la educación que recibimos e incluso nos hemos acostumbrado a poner etiquetas a cada conducta o personas. Este odio no debería existir por el mero hecho de que no pensemos igual o seamos diferentes, la variedad en la sociedad proporcionar riqueza cultural y aporta diferentes perspectivas de ver la vida. Convivir con diferentes personas de otras partes del mundo puede ser el hecho más enriquecedor para la sociedad.

Aún faltan muchas protestas para acabar con el racismo sin hacer uso de la violencia y manifestando nuestra opinión. El objetivo es radicalizar la lucha de razas y no destrozar las ciudades del mundo. Como ha dicho Meghan Markle en un vídeo dirigido a los alumnos de su colegio quizás “el único error era no decir nada”, por eso ahora más que nunca pongamos nuestro granito de arena para acabar con este odio generalizado entre personas de diferentes países, nadie es más que nadie por pertenecer a un lugar más o menos desarrollado, la igualdad comienza cuando identificas el derecho a tener las mismas oportunidades independientemente de nuestra procedencia.

Durante esta semana las redes sociales se han volcado en apoyar esta lucha que es de todos, una iniciativa que deberíamos llevar a cabo individualmente y que no debería quedarse en un simple post de Instagram, Facebook o Twitter porque todos podemos sufrir estas exclusiones. Recordemos estas sabias palabras de Nelson Mandela “nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen o su religión. La gente aprende a odiar, y si se puede aprender a odiar, también se puede enseñar a amar”.