El proyecto Casa Viva, impulsado por la Red Enea, ha entrado en una nueva fase de desarrollo en la comarca de Sierra Grande–Tierra de Barros con un objetivo claro: identificar viviendas deshabitadas y facilitar su recuperación como espacios habitables que contribuyan a fijar población en el medio rural. La iniciativa, que ya tuvo un primer impulso organizativo en encuentros celebrados en Ribera del Fresno, avanza ahora hacia el trabajo de campo y la escucha activa de propietarios.

El pasado 18 de abril, la asociación anunciaba el inicio de una fase más operativa del proyecto bajo una premisa significativa: la búsqueda de “la casa perdida”. Se trata, en términos técnicos, de detectar inmuebles vacíos pero estructuralmente habitables que, por distintos motivos, permanecen fuera del mercado residencial. Con mapas en mano y un enfoque de intervención directa, los integrantes del proyecto comenzaron a recorrer los municipios de la comarca para localizar estas viviendas y analizar su potencial de uso.

Este enfoque, descrito por la propia organización como un proceso “de cocina a fuego lento”, pone el acento en la investigación cualitativa: no solo se trata de identificar casas, sino también de comprender las causas que explican su desuso. Para ello, el contacto con los propietarios se convierte en una pieza clave. La intención es conocer de primera mano las barreras —legales, económicas, emocionales o administrativas— que dificultan la puesta en circulación de estas viviendas.

La iniciativa dio un paso más el 21 de abril con el anuncio oficial del arranque de la Fase 2 del proyecto. En esta etapa, Casa Viva centra sus esfuerzos en recoger información sistematizada a través de un formulario dirigido a propietarios y copropietarios de viviendas vacías. El objetivo es construir una base de datos que permita diseñar modelos de acceso más flexibles y atractivos, capaces de incentivar la cesión, alquiler o rehabilitación de los inmuebles.

Desde Red Enea subrayan que esta fase no solo busca diagnosticar el problema, sino también identificar soluciones viables. Entre ellas, se contempla la posibilidad de articular mecanismos de financiación para la mejora de algunas viviendas, un aspecto que podría resultar determinante para activar el parque inmobiliario rural. La fecha límite fijada para la recogida de información es el 14 de mayo, en un intento por acelerar la transición hacia propuestas concretas de intervención.

El 27 de abril, el proyecto reforzaba su mensaje incidiendo en el componente social del proyecto. Casa Viva se presenta no solo como una herramienta de gestión inmobiliaria, sino como una estrategia de desarrollo territorial orientada a facilitar que jóvenes puedan establecerse y emprender en los pueblos. La pregunta que lanza la iniciativa —”¿y si el futuro de estos jóvenes está en una casa de pueblo?”— resume la filosofía de un proyecto que conecta el problema de la vivienda con el reto demográfico.

Este planteamiento cobra especial relevancia en el contexto actual. Según datos recientes, cerca de la mitad de los jóvenes entre 26 y 34 años en España continúa viviendo con sus padres debido a las dificultades de acceso a la vivienda. Aunque regiones como Extremadura presentan menores tasas de bloqueo residencial en comparación con comunidades como Baleares o Madrid, el problema persiste y se manifiesta de manera distinta en el ámbito rural: no tanto por la falta de viviendas, sino por su infrautilización.

En este sentido, Casa Viva introduce una lógica de reutilización del patrimonio construido, alineada con estrategias contemporáneas de sostenibilidad y cohesión territorial. Frente a modelos expansivos basados en nueva construcción, la iniciativa apuesta por reactivar lo existente, generando un doble impacto: por un lado, facilita el acceso a la vivienda; por otro, contribuye a revitalizar núcleos urbanos afectados por la despoblación.

La experiencia previa del proyecto, presentada en encuentros con instituciones, técnicos y vecinos —como el celebrado en Ribera del Fresno—, ha permitido consolidar una red de colaboración que ahora resulta fundamental para su desarrollo. Administraciones locales, propietarios y potenciales nuevos residentes forman parte de un ecosistema en el que la cooperación se presenta como condición necesaria para el éxito.

No obstante, el principal desafío sigue siendo cambiar la percepción sobre las viviendas vacías. En muchos casos, estos inmuebles están vinculados a herencias, conflictos familiares, falta de recursos para su rehabilitación o simplemente a la ausencia de demanda percibida. Casa Viva busca intervenir precisamente en ese punto, generando confianza y ofreciendo alternativas que reduzcan la incertidumbre de los propietarios.

Con esta nueva fase, Red Enea refuerza su apuesta por una intervención integral que combina análisis, participación ciudadana y diseño de soluciones. El proyecto se posiciona así como una iniciativa innovadora en el ámbito de la vivienda rural, con potencial para convertirse en referencia en otras comarcas afectadas por dinámicas similares.

En un momento en el que el acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas sociales, especialmente entre la población joven, propuestas como Casa Viva abren una vía alternativa basada en la reutilización, la proximidad y el arraigo territorial. Una estrategia que, más allá de los datos, pone el foco en las oportunidades que aún existen en los pueblos y en la posibilidad de convertir casas vacías en hogares habitados.

Juan Francisco Llano