Pacientes infantiles y adolescentes con enfermedades oncohematológicas, junto a sus familias, convierten un fin de semana de convivencia, ocio terapéutico y esperanza en una nueva demostración de que la vida también se cura fuera del hospital.
La ilusión volvió a teñir de amarillo el Parque Warner Madrid. Un total de 23 pacientes infantiles y adolescentes con enfermedades oncohematológicas, acompañados por 49 familiares procedentes de más de veinte familias de toda Extremadura, participaron este fin de semana en el VII Respiro Familiar de Verano organizado por la Asociación para la Donación de Médula Ósea de Extremadura (ADMO), una iniciativa que se ha convertido en uno de los programas de ocio terapéutico de referencia para las familias que conviven con el cáncer y otras enfermedades de la sangre.
Desde primera hora del sábado, un autobús y varios vehículos particulares partieron desde distintos puntos de Extremadura rumbo a Madrid cargados de algo mucho más importante que maletas: esperanza, ilusión y ganas de seguir escribiendo historias de superación.
Durante dos días, los tratamientos, las consultas médicas y los ingresos hospitalarios quedaron atrás para dar paso a montañas rusas, espectáculos, abrazos, juegos y momentos compartidos entre familias que hablan el mismo idioma: el de quienes han aprendido a convivir con la incertidumbre y han encontrado en ADMO una gran familia.
El Parque Warner volvió a convertirse en el escenario donde los pequeños y no tan pequeños recuperan algo que la enfermedad les ha robado demasiadas veces: la oportunidad de ser simplemente niños y jóvenes.
Entre superhéroes, personajes de cine y atracciones, los participantes demostraron que cada sonrisa también forma parte del tratamiento y que el ocio compartido contribuye al bienestar emocional tanto de los pacientes como de sus familias.
Pero este viaje va mucho más allá de una escapada de verano. El programa Respiro Familiar constituye uno de los pilares de la atención integral que desarrolla ADMO, favoreciendo el apoyo mutuo entre familias, el intercambio de experiencias y la creación de una red de acompañamiento que permanece mucho después de finalizar el viaje.
La jornada del domingo comenzó con un encuentro entre las familias en el que los nuevos participantes pudieron conocer la historia de ADMO, una entidad que lleva casi tres décadas acompañando a pacientes y promoviendo la donación de médula ósea en Extremadura. Testimonios de pacientes, personas trasplantadas, familiares y donantes pusieron voz a historias reales que reflejan cómo la solidaridad puede cambiar una vida.
Posteriormente, los más pequeños disfrutaron de una nueva experiencia en Micropolix, donde pudieron convertirse por unas horas en veterinarios, periodistas, sanitarios, científicos o bomberos, descubriendo que, pese a la enfermedad, siguen teniendo intacta la capacidad de soñar y construir su futuro.
Para ADMO, este programa representa mucho más que una actividad de ocio. Supone recordar a las familias que no están solas, fortalecer su bienestar emocional y ofrecer espacios donde compartir vivencias con personas que comprenden perfectamente el camino recorrido.
El VII Respiro Familiar de Verano ha sido posible gracias al apoyo de la Vicepresidencia y Consejería de Desregulación, Servicios Sociales y Familia de la Junta de Extremadura, la colaboración de Fundación CB y la Diputación de Badajoz, entidades comprometidas con la mejora de la calidad de vida de las personas con enfermedades oncohematológicas y sus familias. Mientras la marea amarilla regresaba a Extremadura después de un fin de semana inolvidable, todos los participantes compartían una misma certeza: existen recuerdos que
ayudan a sanar y gestos solidarios que pueden cambiar el destino de una persona.
Porque la donación de médula ósea sigue siendo la mayor muestra de solidaridad entre personas desconocidas.
Donar médula es donar vida.


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