El Patio de las Casa de la Cultura de Villafranca de los Barros acogió la representación teatral de “Vivas /11 Heroínas para un Coro”.
Se trata del montaje final del Taller Ceres de Teatro Grecolatino: una iniciativa del Festival Internacional de Teatro de Mérida, desarrollado en la citada localidad por la compañía “Teatro del Agua”, bajo la dirección de Francisco Blanco Aguado, y la estrecha colaboración del Área de Cultura del ayuntamiento villafranqués.
El montaje se sustenta en un Coro de Mujeres, del que surgen personajes como Hécuba, Medea, Antígona o Clitemnestra entre otras, para mostrar al espectador que las emociones humanas más oscuras y los conflictos que desatan, ya sea el asesinato o las guerras, siguen vigentes.
Se cumple así el objetivo del taller de traer al presente los grandes temas que ya plasmaron los autores grecolatinos; pero “Vivas” va más lejos al hacer un alegato a que ese relato continuo, a toda velocidad, que nos ofrecen los medios y las redes de todos los conflictos del mundo, no nos conviertan en ciudadanos insensibles ante el dolor humano y las injusticias. Al contrario, se nos invita a la reflexión, y a la acción… A “que lo injusto no me sea indiferente”, como cantó la gran Mercedes Sosa.
Es justo reseñar el exigente trabajo de Coro que se ha llevado a cabo durante las 50 horas que ha durado el taller, y el mérito de las 10 intérpretes que han afrontado un reto novedoso para muchas. Más la dura disciplina de unos ensayos, realizados a veces “al calor” de una de las olas de altas temperaturas más tórridas de este verano.
Pero Francisco Blanco es uno de esos directores tenaces que, sin alzar la voz, ha conseguido sacar lo mejor de cada alumna, y poner sobre el escenario una sucesión de voces firmes y de imágenes cargadas de belleza, emoción y simbolismo: ese hilo grueso que envuelve al personaje de Ariadna, mientras cuenta su abandono por parte de Teseo, simboliza los conflictos emocionales que no nos permiten vivir en paz. Pero el personaje lucha para desenredarse, literalmente, hasta que por fin empieza a danzar en libertad, invitando a las intérpretes (y al público) a soltar todo aquello que les oprima…
Otro ejemplo es el de la “antisistema” Antígona, la que rompe, con todas las consecuencias, una atmósfera opresora que le negaba el entierro digno de su hermano. Esta lucha desde la asfixia se plasma muy bien con un gran velo de plástico que quiere envolverla y tragársela, pero que no lo consigue…
Otro de los grandes momentos de la obra es la transformación en directo, del único actor masculino, en el personaje femenino de Lisístrata. Una escena doblemente transgresora porque no sólo representa a un personaje femenino que insta a las mujeres a una huelga sexual para parar la guerra; sino porque además lo hace desde un personaje travestido, en una sociedad donde el colectivo LGTB aún alza la voz contra la homofobia …
Todo al ritmo de una “banda sonora” que tampoco dejó a nadie indiferente.
Al final, cuando se escuchan los aplausos, los “bravos” y se nota cómo la profunda carga emocional y el mensaje han roto “la cuarta pared” y han calado en los presentes, es cuando se entiende de forma viva la función estética y tremendamente social que tiene el teatro.
El teatro, como la Poesía, también puede ser “un arma cargada de futuro”.
Juan Francisco Llano


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