El próximo viernes 12 con motivo de la Gala Flamenca que anualmente se celebra en la localidad pacense de Ribera del Fresno se llevará a cabo el VII Festival Flamenco Homenaje a Francisco Ortíz García ‘El Camarón’, un acto que organiza la Peña Cultural Flamenca ‘Juan Carlos Sánchez’ en memoria póstuma a los cantaores ribereños, en la Caseta Municipal llegada las 22 horas, según informa nota de prensa del Ayuntamiento de Ribera del Fresno.

Francisco Ortíz Garcia, hijo de Antonio Ortíz Pavón ‘Tabaco’ y María Antonia García Rosa nació en la Calle San Francisco, número 35 de Ribera del Fresno el día de San Francisco de Asís, un 4 de octubre del año 1944, de ahí que así se le bautizara. El pequeño de seis hermanos, Dolores, Adela, Lorenzo, Magdalena, Isidro y Francisco, quienes asistirían a la escuela en una casa particular donde junto a otros muchachos de su edad se llevaban las sillas de casa, para aprender en clase las cuatro reglas básicas.

Frasco, como le conocían en su entorno más cercano, se criaría en la finca de ‘la Bodega’, lindante a la de ‘Las Vegas’, donde empezaría a trabajar en el huerto de sus padres a la edad de 12 años, donde ya se le escucharía cantar y hacer sus pinitos extendiéndose rápidamente por todos los rincones del pueblo su afición por el cante.

Años más tarde, la emigración española desplazará a muchos habitantes desde las zonas rurales hasta las grandes ciudades; los grandes núcleos de población como Madrid y Barcelona serán los destinos más populares. Frasco participará en esa emigración yéndose a Madrid, lugar al que se había trasladado anteriormente su hermano Isidro. Corría el año 1960, nuestro protagonista apenas había cumplido los 16.

Allí comenzó a trabajar de encofrador, y poco más tarde también en la capital de España encontraría al amor de su vida, Teodora León Pérez, quien daba la casualidad que habría partido igual que él desde Ribera del Fresno, pero sería allí donde se conocieran.

Tantas son las coincidencias que se cruzan en Madrid emprendidas desde Ribera del Fresno que sorprenden, por un lado Francisco Ortíz, por otro San Fernando de Cádiz ciudad natal de José Monje Cruz, Camarón de la Isla, y la misma edad que llegase Frasco a Madrid, lo hiciera José Monje.

Con ocho años trabajando en la capital, el ribereño sabía por donde se movían ya los artistas, esos que tanto él defendía con su voz y se le oían en sus canciones, tablaos como el de ‘las Cavas Bajas’ o ‘Las Brujas’ eran algunos de los que solía frecuentar. Y sería en éste último donde una noche al escucharle el ‘de La Isla’ al de Ribera cantar, donde se conocieran, se acercaría a él y le echaría el brazo por encima para estar toda la noche cantando juntos. Aún recuerda la familia la de veces que le habló su padre del día que en una Taberna, al lado de La Puerta del Sol, llamada ‘Las Brujas’ conociera al Camarón de la Isla. “Desde entonces le viene el apodo de Camarón, tras venirse al pueblo la gente de que lo oída cantar, Camarón para arriba, Camarón para abajo” cuenta su hija Eva.

Un año más tarde de aquello, en 1969, Francisco a los 24 y Teodora a los 20 años casarían en Usera, Madrid, donde vivirían hasta principios de los ochenta, allí nacieron sus primeros cuatro hijos, Francisco, Eva, Josué y Mónica.

Esta nueva década que entraba, y la edad de los abuelos, les harían regresar al pueblo, Francisco y Teodora volverían al pueblo que les vio nacer, pero ahora con sus cuatro hijos. Y sería en las fiestas patronales del Cristo de las Misericordias cuando en uno de los concursos de cante jondo, al que se presentó Frasco, obtuviera el primer premio, el cuál consistió en un radio casette, trofeo desde el que durante muchos años se escuchó al Camarón de la Isla. En 1984 crece la familia Ortíz León y nacerá en Mérida el pequeño José Ramón.

La familia, hoy una piña, recuerda y evoca como lo de su padre, el cante, ha sido su vida, “era lo que más le gustaba. De ahí que a todos nos guste el cante, a los cinco hermanos que éramos y todos cantamos, incluso mi madre, porque lo hemos vivido el día a día en casa. Mi padre se levantaba cantando y estaba todo el día, lo mismo escuchaba al Camarón, al Cabrero como a Rafael Farina” apunta Mónica. Y continúa, “en todos lados le oían cantar. La verdad es que nunca lo grabamos. Le gustaba cantar en todos lados, romerías, en casa, en los bares que antes era muy común. Un hombre muy trabajador que tenía otra afición, la caza, el campo, los galgos”.

Amigo de sus amigos, Frasco se juntaba con otros grandes cantaores locales con los que compartía afición, Nono Mejía y Pedro Guerrero, ellos organizaban calderetas donde no faltaba el cante y el buen comer.

Pero no solo el cante, también los Ortíz León hablan de la generosidad de su padre y lo amable que era, ‘todo te lo daba, aún quedándose él sin lo que fuera’. “Así cuando hacíamos las matanzas invitaba a toda la familia. Lo quería todo el pueblo, porque era muy servicial”.

Francisco Ortíz García falleció un 31 de septiembre de 2008 a pocos días de cumplir los 65 de un infarto, tras un mes ingresado en el Hospital de Mérida. Hoy descansa en el Cementerio Municipal de Ribera del Fresno, finaliza la nota.

Juan Francisco Llano