El fontanés Antonio Manuel González Santiago fue el encargado, este viernes 24 de abril, de pronunciar el V Pregón-Exaltación a Nuestra Señora de la Cabeza de Fuente del Maestre, en un acto que tuvo lugar en el templo parroquial de la localidad.
En este Pregón estuvieron presentes el vicario parroquial D. Yohnny Williams, la junta de gobierno de la Real Hermandad Ntra. Sra. de la Cabeza, el I.S. Hogar de Nazaret, sus familiares, numerosos compañeros y amigos del pregonero.
El pregón de Antonio Manuel González estuvo lleno de infancia, recuerdos y agradecimientos hacia la que denominó “la guapa de este pueblo. La Reina silenciosa del Alto, la Reina de nuestras vidas, la Reina de nuestras calles y la Reina de todos nosotros”.
Antonio M. González dedicó su pregón “para mi familia, que me enseñó a quererte; para mi hermandad, que me enseñó a vivirte; para mis compañeros, con los que comparto fe bajo las trabajaderas; y para ti, Madre de la Cabeza, porque sin ti nada de lo que soy hoy tendría sentido”.
A partir de ahí, el pregonero confesó venir “como vecino, como joven, como costalero, y sobre todo, como hijo tuyo”, y sin más preámbulo empezó a hablar de su infancia en el Alto del Asilo, como se conoce popularmente al lugar donde se encuentra la Ermita en la que permanece la imagen de la Virgen de la Cabeza; “mis recuerdos, empiezan cuando era un niño, porque yo jugaba a los pies de la Virgen, y sin darme cuenta, mientras yo vivía mi infancia, Ella, la Reina de reyes, ya me estaba cuidando, mirando, velando…ya tenía una Madre en el cielo”.
Uno de los momentos más emocionantes llegó cuando habló de su familia, ya que tuvo palabras hacia su primo Antonio “a quien esperaba para salir corriendo e irme con él”, y su madre Loreto “que cada año me tenía preparado su pañuelo bordado con mimo, con manos de verdad”.
Y de forma especial, se dirigió a su madre “que me enseñó a entender todo esto”, y a la que unió con la Virgen de la Cabeza, porque resaltó que “yo tengo dos madres, la que me dio la vida, y la que me enseñó a creer”.
En este punto, también habló de su familia de campo, “yo vengo de gente humilde. Mis abuelos, el Charca hombre de los de antes, y el Arriscao siempre sonriente. Y por supuesto, mi padre, mi guía, un hombre de los que no predican con palabras, sino con el esfuerzo y con el silencio digno del trabajo bien hecho”.
A continuación, mencionó a todos los titulares de la Semana Santa de Fuente del Maestre porque “yo no puedo hablar de la Virgen, sin antes hablar de su hijo. Porque Jesús y María van siempre juntos en mi corazón”.
El pregonero también se acordó de los ancianos de la antigua residencia “los que han sostenido la fe de este pueblo sin hacer ruido”, de las monjas “que cuidaron siempre de sus mayores”, y de D. Cesáreo “con su sotana gastada por los años, y sus manos llenas de vivencias”.
En su discurso, Antonio M. González quiso destacar “una figura muy especial, y que pasa desapercibida”, la del costalero. Y desde ahí, repasó sus vivencias como costalero, para acabar señalando que “el costalero no es solo la persona que va debajo del paso, sino que ser costalero no viene de nacimiento, viene de corazón”.
Seguidamente, el exaltador de la Virgen de la Cabeza se dirigió a los jóvenes que “a pesar de todo, seguimos con ganas, con ilusión, con respeto y con mucho que aprender, porque los jóvenes no somos el futuro, somos el presente”, y a la Junta Directiva de la Real Hermandad que “apostó por los jóvenes cuando otros dudaban, que creyó cuando otros no veían, que levantó esta hermandad con trabajo y entrega”.
En otro apartado de su discurso, Antonio M. González, remarcó que “nuestra Virgen tiene mucha historia, es una imagen muy antigua que siempre ha estado con nosotros”, y dio las gracias a David Triguero, el último restaurador de la imagen, “por su trabajo y su sensibilidad, por entender que restaurar no es cambiar, y por habernos devuelto a la Virgen del siglo XVI”.
También, en este V Pregón hubo palabras hacia las injusticias del mundo, “que no olvidemos al que sufre, que nuestra fe sea compromiso, y nuestra devoción, acción. Y ahí estarás tú, en lo alto, firme, como faro que no se apaga, como Madre que nunca abandona”.
Y por último, puso su mirada en los ojos de la Virgen de la Cabeza para proclamarle que “te quiero cuando todo va bien, y te necesito cuando todo se tambalea”; para darle las gracias “por no soltarnos nunca, por mirar a este pueblo con esta ternura que solo una Madre sabe tener”; y para agradecerle “el ser yo quien te pusiera voz. Nunca pensé que sería mi voz la que hablara de Ti, ni mi corazón el que intentara explicarte. Gracias por elegirme, gracias por llamarme”.
Finalmente, Antonio Manuel González exclamó “que lo escuche el cielo, que retumbe la tierra, que lo lleve el viento por cada rincón de este pueblo ¡Viva la Virgen de la Cabeza!”.

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