Después de meses de recursos, comunicados, gestoras, resoluciones, escritos cruzados y una sensación permanente de bloqueo institucional, la Federación Hípica Extremeña celebró finalmente este martes 26 de mayo su Asamblea General Extraordinaria y proclamó nuevo presidente a José Ignacio Díaz Bravo.
Y sí: hubo quorum.
Dieciocho asambleístas acudieron a la convocatoria, superando el mínimo necesario para constituir válidamente la Asamblea y permitir así la proclamación oficial del nuevo presidente.
Puede parecer un detalle menor, pero no lo es. Porque, a estas alturas, después de todo lo ocurrido durante el proceso electoral extremeño, llegar simplemente a celebrar la Asamblea ya parecía casi una misión imposible.
La reunión se celebró tras la intervención de la Dirección General de Deportes de la Junta de Extremadura, que anuló la convocatoria anterior y ordenó repetirla. La nueva convocatoria fue publicada oficialmente tanto en el Diario Oficial de Extremadura como en varios medios de comunicación, entre ellos la columna de esta servidora.
Aun así, ya han comenzado nuevamente las acusaciones de ilegalidad, las referencias a supuestas amenazas y los anuncios de futuros recursos.
Curiosamente, apenas unas horas antes, la propia Junta de Extremadura aclaró expresamente que no iba a sancionarse de ninguna manera la no asistencia a la Asamblea. Y aun así acudieron dieciocho miembros.
Además, la nueva Comisión Gestora no disponía todavía de los correos electrónicos ni de los medios oficiales de comunicación de la Federación para poder difundir incluso el propio escrito remitido por la Dirección General de Deportes, que tuvo que ser compartido por redes sociales y de forma particular.
Según explicó la Gestora, tras su nombramiento el pasado 19 de mayo, intentó ponerse en contacto con la anterior Comisión Gestora para obtener acceso a los canales oficiales de comunicación de la Federación y, al parecer, no habría recibido respuesta.
Y ese detalle probablemente explica bastante bien el momento que atraviesa actualmente la Federación.
Porque el verdadero problema ya no parece ser únicamente electoral, sino también operativo y administrativo.
Ese es probablemente el dato más importante de todos: los propios asambleístas acudieron, constituyeron válidamente el órgano y permitieron la proclamación del presidente. Sin amenazas, sin presiones, sin más.
Las acusaciones posteriores sobre los problemas de comunicación pierden bastante peso cuando, a pesar de ello, se alcanza el quorum necesario, sobre todo cuando quien acusa se ha esmerado públicamente en pedir la no asistencia y en no comunicar las resoluciones de la Junta de Extremadura cuando no le gustaban.
No debemos olvidar que la anterior Gestora hizo público un comunicado en el que declaraba que no iba a colaborar con la Junta de Extremadura dando traslado de la nueva convocatoria a los asambleístas ni facilitando los medios para ello. Por eso acabó publicándose en el DOE.
Se podrá recurrir, discutir o discrepar políticamente del proceso. Para eso existen cauces legales y órganos competentes. Lo que resulta más complicado es sostener indefinidamente el relato de una Asamblea inexistente o ilegítima cuando terminó celebrándose, alcanzando quorum y proclamando presidente, con el respaldo de la propia Administración incluido.
La crítica es sana. De hecho, en cualquier federación debería ser normal poder discrepar, cuestionar decisiones o señalar errores sin acabar convertido automáticamente en enemigo público. Lo preocupante es cuando la crítica se responde con vetos, exclusiones o castigos informales hacia quienes simplemente opinan distinto.
Pero también hay que decir otra cosa: la crítica, por sí sola, no basta.
Si alguien considera que el procedimiento no es correcto, que recurra. Para eso está el Derecho. Lo que desgasta a una Federación no es que existan discrepancias; es que la respuesta a ellas sea el veto o el castigo.
Ahora empieza la parte verdaderamente difícil.
Porque la proclamación probablemente era lo más sencillo. Lo complicado será recuperar documentación —sobre todo si no hubiera colaboración por parte de quienes dejan el puesto—, normalizar la estructura administrativa, conocer la situación real de la Federación y reconstruir una institución que lleva demasiado tiempo atrapada entre recursos, enfrentamientos y luchas internas.
Durante años parecía imposible llegar siquiera a este punto.
Pero al final hubo Asamblea.
Y el cambio cada vez se palpa más inevitable.

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