Cerca de cuarenta niños y niñas del campamento estival aprenden los secretos de la hostelería, la higiene y el servicio de sala a través de un original taller interactivo diseñado y dirigido por las alumnas del curso de Activación Profesional en Hostelería que imparte Consultora Formación de la citada localidad villafranquesa.
​La Universidad Popular de Villafranca de los Barros mantiene una actividad frenética este verano. Como bien apuntaba recientemente su coordinadora, Mónica Raposo, en los micrófonos de Radio Villafranca, “todas las aulas están llenas de cursos”, un indicativo inequívoco de que el periodo estival es, hoy más que nunca, un tiempo idóneo para el crecimiento, la formación y el encuentro intergeneracional. El buque insignia de este dinamismo vuelve a ser el tradicional Summer Camp, un campamento que durante julio y agosto acogerá a cerca de 140 niños y niñas de entre 6 y 12 años, colgando con orgullo el cartel de «plazas completas».

​Sin embargo, el pasado miércoles 15 de julio, las aulas del campamento se impregnaron de un aroma muy especial. Cerca de cuarenta de estos jóvenes participantes se convirtieron, por unas horas, en flamantes aprendices de hostelería en un original taller de desayuno buffet. ¿Las maestras de ceremonias? Las alumnas del curso de Activación Profesional en Hostelería y Atención al Cliente del Programa SARA que imparte Consultora Formación, un proyecto que lleva meses reforzando la inserción laboral femenina en la localidad y que ese día demostró que la hostelería es, por encima de todo, un arte que se transmite con amor y vocación.

El rigor de la “mise en place”: Gorros, delantales y la melodía del jabón.
​Para las alumnas del Programa SARA, este taller infantil no era un simple juego; representaba la reválida práctica de semanas de intenso estudio teórico-práctico. Las futuras profesionales, que el pasado mes de junio ya demostraron su valía en la multitudinaria clausura de Mayores Activos y que consolidaron su base técnica con la obtención del carné de manipulador de alimentos, diseñaron una experiencia que abordó las tres fases ineludibles de cualquier servicio de restauración: el preservicio, el servicio y el postservicio.
​El “preservicio” comenzó con los más pequeños asimilando las normas de oro de la seguridad alimentaria. Provistos de gorros protectores para el pelo y delantales adaptados a su estatura, los cuarenta niños del Summer Camp aprendieron que en una cocina la higiene es la ley.

​A través de la canción teatralizada “El ritmo del jabón”, entonada al compás de las palmas de las alumnas, los menores frotaron sus manos durante los treinta segundos científicos recomendados por las autoridades sanitarias, cubriendo palmas, dorsos y muñecas antes de calzarse guantes de protección adaptados. Con esta lúdica coreografía, la desinfección dejó de ser una obligación aburrida para transformarse en el primer requisito para conseguir sus “súper-poderes de chef”.

​Esculpir la fruta y el arte de la bandeja: El servicio entra en juego
​Una vez equipados y con las manos impecables, comenzó el taller de manipulación y trinchado. Las alumnas del Programa SARA guiaron a los pequeños en el uso seguro de cortadores y moldes de repostería. Estrellas de sandía fresca, corazones de melón y rodajas de piña cobraron vida bajo la atenta mirada de las supervisoras, quienes enseñaron a los niños a ensartar sus propias brochetas de colores, rociándolas con zumo de limón para evitar esa oxidación que a veces desluce los mejores bufés de la alta cocina.

​Pero el verdadero asombro llegó con la simulación del servicio de sala. Las alumnas, enriquecidas previamente por ponencias de calado como la de emprendimiento de Carmen Dolores Suárez o la magistral sesión técnica sobre el universo del café impartida por el barista local Francisco Carranza, transmitieron a los niños el orgullo y la elegancia que entraña el oficio de camarero.

​Los pequeños experimentaron el “juego del equilibrio”, aprendiendo a portar bandejas de plástico con vasos de cartón rellenos de agua y zumo, manteniendo la espalda erguida y la sonrisa imperturbable del buen anfitrión. Tras el servicio, la lección culminó con el “desbarasado divertido”: un juego de clasificación de residuos donde los niños retiraron sus propios platos y cubiertos biodegradables, asimilando la importancia del postservicio y el respeto al medio ambiente.

​Del aula al mercado laboral: El broche de oro del Programa SARA
​Este taller interactivo ha supuesto un hito psicológico y pedagógico extraordinario tanto para los niños de Villafranca como para las propias alumnas. Al asumir el rol de docentes, supervisoras y maestras de sala, las mujeres participantes del Programa SARA han consolidado su confianza, desterrando barreras personales y demostrando una solvencia técnica impecable ante una de las clientelas más exigentes y dinámicas: la infantil.

​Con este gran ejercicio de proyección social, el programa encara ya sus últimas semanas. Actualmente, las alumnas se encuentran inmersas en la fase final de preparación para entrevistas de trabajo y tutorías de orientación personalizada, diseñando sus porfolios profesionales y puliendo sus marcas personales.

​El éxito de la jornada del pasado miércoles es la prueba palpable de que sus alumnas no solo están preparadas para incorporarse al tejido hostelero de la comarca, sino que llevan consigo los valores que dignifican el oficio de sala: el rigor técnico, la pulcritud higiénica y, por encima de todo, la inmensa alegría de servir. El sector de la restauración en Villafranca de los Barros está de enhorabuena; una nueva brigada de excelencia está lista para salir al pase.
Juan Francisco Llano