Cuando se promete a países con inferioridad de condiciones tecnológicas y económicas salir de una deuda a cambio de extraer sus minerales, estamos refiriendo hoy a las llamadas tierras raras, esta promesa es opaca y falsa ya que el coste que tendrá en la destrucción de su medio ambiente y la degradación de otros sectores como el turismo y la agricultura serán fuertes e irreversibles en poco tiempo.

Este asunto se está produciendo en algunos lugares del mundo donde potencias económicas promueven la apertura de minas donde trabajadores de esos países menos avanzados económicamente sufrirán temas de salud y estarán expuestos a la radiación directa que en algunos casos pueden generar la extracción de estos minerales.
Estos minerales son preciados para la industria militar, fabricación de coches eléctricos y otros sistemas tecnológicos.
Vemos por tanto que los países del norte no están avanzando en lo “sostenible para el medio ambiente” como no paran de decir.
La extracción de estos minerales contamina acuíferos, ríos y el medio ambiente en general. Por no decir que se sabe que el agujerear la tierra , las perforaciones y esas removidas aumentan el nivel de sismicidad.
Y todo por la carrera armamentística tan celebrada últimamente, entre otras. Todo esto tiene consecuencias.
Deben ser los municipios afectados por estas promesas que vienen de multinacionales extranjeras los que deben de decidir sobre sus
territorios, analizando minuciosamente los efectos dañinos que puedan tener estas mineras.
Deberían ser los gobiernos centrales los que estudiaran bien el caso pero hay duda sobre ello , ya que cuanto más arriba más enredo
hay y más confusión.
Las tierras raras tal como se están concibiendo son una trampa mortal.
Jesús Antonio Fernández Olmedo