Cuando en la vida nos hallamos sumidos en una situación o experiencia difícil es posible ver a veces, por algunos momentos, ver una luz al final del túnel. Es lo que ven los protagonistas de una película “ La Emigración “, una historia sobre la España pobre con » tres salidas tierra Mar y Aire » viajando en trenes, barcos y aviones para lograr, el sueño Europeo . “ Para mí, una de las escenas más emblemáticas es cuando el tren entra en un túnel y la cámara, por algunos segundos, enfoca esa luz que aparece al final: cálida y fría al mismo tiempo. Son segundos fundamentales para los migrantes, que ven pasar toda su vida por delante dejándose llevar por las emociones “.

Cuando se viaja no se piensa en los aspectos sentimentales, sociales y psicológicos, no se analiza lo que se puede sentir al abandonar el propio lugar natal. Sin embargo, cuando los migrantes deciden partir no saben lo que pueden encontrar, y es la misma idea que transmite la luz al final del túnel: El túnel se puede considerar una verdadera frontera: de un lado, la tierra natal, el hogar; del otro, la esperanza de una vida nueva. La espera constituye el momento en que las emociones se arremolinan como un huracán. Se puede pasar de un estado de ánimo positivo a uno negativo en un solo instante, a pesar de las sensaciones que provoca aquel espacio tan oscuro.

El miedo lo desata la falta de luz y dicho sentimiento se mezcla con la esperanza de vivir en una nueva realidad, de la cual ni siquiera se conoce el idioma oficial. Pero el miedo puede dar lugar a la excitación, a la prefiguración de lo que hay al otro lado, de lo que se hará una vez libres de andar por las carreteras Europeas. Por consiguiente, lo que nunca abandona al migrante es la nostalgia, la Morriña el recuerdo de su familia, de aquellos hogares llenos de amor y felicidad. Viven pensando en el pasado y sobre ese tren se van preguntando: «¿Estaré haciendo lo correcto?».

En el tablero de la vida los emigrantes no somos reyes ni torres ni reinas ni alfines. Real mente somos peones. No mandamos sobre la partida de la que formamos parte, solamente sobre la casilla hacia la que vamos a desplazarnos y eso – siempre estamos amenazados por otra pieza – que aunque desde lejos, nos obliga a defendernos . Aislados, no somos nada. nuestra fuerza proviene de nuestra unión.

Si pudiera volver

Mi familia decidió emigrar de España a Alemania  pasábamos necesidad desahucio tras desahucio . Y si ahora expongo ante ustedes esta circunstancia de mi vida, que para mí fue fuente de tristeza durante años, es para compartir esta extraña forma de la intuición que es la certeza, o esta extraña forma de certeza que es la intuición, acerca de algo que nos atañe a todos, la posibilidad de irse y la de quedarse.

Irse y quedarse son irreconciliables no solo de manera sincrónica sino también diacrónica. La determinación se tomó, hacia finales de 2012 . Y ahí comenzó la maquina a trabajar sobre lo que sería un traslado Alemania. Cuestión que a principios de Julio de 2013 , concretamente el día 3, la familia entera subimos a un avión , rumbo a Alemania. Mi perplejidad, mi angustia, mi tristeza, no contaron. Me repetía una y otra vez que no me preocupara, que en dos años íbamos a regresar a España . Y lo creí, cómo no iba a creer .

Viajeros, turistas, ejecutivos, empresarias, políticos. Son otra clase de piezas, poderosas, y se mueven dentro de unas normas, es verdad, pero tienen caminos de ida y de vuelta. Intervienen en la partida, la condicionan. Se desplazan con posibilidad de dar marcha atrás; de hecho, forma parte del plan. Los emigrantes en cambio, como los peones, nos vamos para no volver; más aun, viajamos con la idea de que regresar sería sinónimo de fracaso. Lo conmovedor, lo entrañable incluso, es que avanzamos pensando que volver es posible. Y eso es lo que quiero dejar claro. hoy en Alemania : no es así. “A las cosas y a los lugares no se puede volver ni siquiera volviendo”, . Nada es lo mismo otra vez y lo ocurrido es para siempre. Nunca sabremos quiénes habríamos sido en nuestro lugar. Lo mismo que ocurrirá a quien, por ejemplo, se somete a una operación de cirugía estética porque no consigue gustarse tal como es: ya nunca más podrá asomarse al espejo y descubrir quién habría sido si no hubiese interrumpido su ser. No hay vuelta atrás. Como cuando se da vida a alguien. Como cuando se le da muerte. Ya está. Lo que es, deja de ser. Lo que iba a ser, ya no será.

El nuevo mundo en Alemania

La llegada a Alemania fue para mí un drama. Todo era peor. La vivienda, el trabajo. No estaba con mis hijos en casa porque trabajo cientos de horas. Fui despojado de mi mundo de modo radical. Súbito. Irrenunciable. Parecía menos cruento porque, en teoría, habíamos ido a un país en que se hablaba distinto idioma imposible de aprender . Un idioma no son solo las palabras que contiene ni la sintaxis que las ordena. Un idioma son los códigos, los temas, las velocidades, la idiosincrasia. El racismo -que sigue presente en Alemania aunque algo más domado- era tan natural, estaba tan instalado y aceptado que ni siquiera se disimula .Pero estaba la promesa. Dos años. Tic tac, tic tac. Así que lloraba cada tarde al volver del trabajo y mi único pensamiento, mi único refugio era: “Bueno, pero ya van a ver, yo me voy a ir de nuevo a España ” Cuánta soledad imposible para una persona .

 

Olvidar España

Uno no olvida el país donde nace. Ni su idioma. Ni sus afectos. Uno olvida las llaves arriba de la mesa o el paraguas , por ejemplo. Uno olvida detalles de las anécdotas, si comió cocido el viernes pasado o dónde queda una tienda de venta de ropa , tal vez. Pero uno no olvida su vida.

Porque hay cosas que uno no quiere olvidar, que no tiene por qué olvidar. No íbamos a volver y me habían mentido. La balsa salvavidas empezó a hundirse. Estaba a punto de cumplir seis años en Alemania . Lo que se quebró adentro de mí con aquella noticia no tiene nombre con que llamarse. Para pegar los pedazos y seguir adelante desarrollé en aquel momento una dolencia autoinmune que me alejaba todavía más de todo el mundo y que tardara toda la vida en erradicar. Y me puse a escribir. Me puse a escribir para tener un lugar donde vivir. Para crearlo. Un país en mi serial del que nadie pudiera expulsarme. Un país al que invitar a todo el que necesite uno, a todo el que prefiriera la verdad a la mentira, a todo el que necesitara pertenecer.

pensé mucho tiempo más tarde, la emigración es algo que se hereda y por lo tanto inevitable, un impulso que anida en uno hasta que encuentra el modo de realizarse.

Como si el cambio no fuera a llegar, quienes emigran lo provocan, lo anticipan. Impaciencia, curiosidad, ambición. A veces miedo, a veces necesidad. En el fondo creo que nadie deja su tierra porque lo desee. Tal vez se debe a mi experiencia, pero siempre me ha parecido que surge de alguna incomodidad que, sin embargo, no se va a resolver con la distancia. Uno se lleva los problemas puestos, como si se tratara de órganos internos.

Pasaron los años pactados para  una vuelta a España. Y muchos más. Y de pronto, porque quizás los genes pesaban más de lo imaginado, empecé a planear una vuelta al mundo. Vivía con la conviccíón de que no iba a quedarme quieto y con la fantasía de que mi lugar estaba en Alemania . Soñaba con algo tan absurdo como hermoso: un hueco, el que hubiese dejado mi cuerpo en la ciudad en que nací Zamora ( España)

La hostilidad que se siente hacia el país al que llegas. La obligación de esconderla. Como si estuvieras en casa de alguien muy severo y temieras que, si dices algo impropio, “ te regañen”, sobre esos primeros tiempos, muy difíciles y duros. Porque exiliarse no es equiparable a emigrar, aunque en ambos casos uno ha de dejar su hogar. “Pese a todas sus renuncias, el emigrante tiene esperanzas respecto al futuro; el exiliado, en cambio, habita en la nostalgia”.
Ser de un lado y de otro. Ser de ningún sitio, de una zona intermedia, híbrida. , El exilio como identidad. La extranjería como patria” .

La pesadumbre del exilio, de no sentirse acogido de ser visto como un extranjero y la nostalgia por lo que deje atrás, me llevó un día a tomar una decisión que he tratado de mantener hasta hoy. “Pensé que, si no lograba ser feliz, no valía la pena haber sobrevivido, la única venganza frente a tanta pérdida consistía, dentro de lo que la vida me permite, en superar el dolor de migrar »

En el tablero de la vida no se gana ni se pierde. Se aprende. Lo que debería ser un juego, para los emigrantes se convierte en una batalla. Si consideraron alguna vez la posibilidad de irse, vuelvan a pensarlo y recuerden que un peón, cuando se mueve, ya no puede volver atrás. Tal vez se trata de que, si no nos gusta la casilla que nos tocó, si estamos incómodos o tenemos miedo o necesidades o urgencias, hagamos lo posible por arreglarla y unirnos al resto de los peones.

Un Español en Alemania 96

 Carta abierta al presidente del Gobierno de un Emigrante

 Estimado Sr. Presidente de España : Pedro Sánchez

Con el debido respeto: No sé si algún día estas líneas llegarán a su mirada
No sé si estas letras agónicas podrán ser alguna vez leídas por Usted. Pero no quiero quedarme con la «siesta intelectual» de no haberlo intentado. Somos una familia española residente en Alemania de clase media, que tenemos como «conocimiento de vida» la responsabilidad del trabajo, y la afinidad por el cumplimiento y respeto de las normas.

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No estamos pidiendo ningún beneficio .Somos descendientes de inmigrantes que vinieron de España a Alemania sin nada a esta tierra , simplemente a trabajar… a producir… a luchar por un futuro digno… tenemos esos genes… y no concebimos otra forma de vivir que Trabajando . No somos grandes empresarios; no tenemos fortunas. Lo poco material-económico que tenemos es muy factible que lo perdamos con la crisis del coronavirus. Pero tenemos la mayor de las riquezas: sabemos lo que no queremos; sabemos cómo lograr lo que queremos; y sabemos que podemos porque ya lo hemos hecho. Le escribo esta carta, porque soy migrante español residente en Alemania. Le escribo para comentarle que,cuando decidí venir a Alemania , no lo hice por “ Turismo” , sino por, en primer lugar: en España no podemos vivir, el país solo ofrece tres salidas, tierra, Mar, y Aire, desahucio tras desahucio.

Le escribo para comunicarle que soy migrante, legal, sí, pero también fui ‘ilegal’. Que pasé años siendo ‘culpable’: culpable de existir, de andar por la calle, de trabajar, culpable de haber nacido en España, culpable de soñar, de querer mejorar mi vida, de creer que tengo el mismo derecho que tienen otros a viajar y a trabajar, culpable por pensar que nací libre y legal.

Los emigrantes no somos escoria, que no tenemos derecho a sanidad, ni a trabajar, parece que le molesta hasta la existencia de estas personas, como si los ‘legales’ fuesen mejores personas. Usted, lo que no quiere entender es que, el matiz que hace que una persona sea legal o ilegal no es su comportamiento o actos, sino el número que marcan sus billetes.

Le escribo para pedirle que se quede tranquilo, que nunca pedí ninguna ayuda social, que he trabajado siempre, incluso cuando estaba en situación irregular, explotado y sin garantías. He trabajo mientras usted vive de la política , he trabajado no cuarenta horas, sino 60 y 70 horas semanales, me he levantado a las 4, 5 y 6 de la mañana, no sabía lo que significaba un fin de semana libre, he trabajado a pesar de todo, y todo eso mientras usted vive de las arcas públicas ganando miles de euros al mes.

Usted no le puede dar lecciones de trabajo a los inmigrantes. Le escribo para contarle también, que, aunque le pesa a usted, he conseguido muchos sueños en este maravilloso país Alemania legalizarme, trabajar y mejorar mi nivel de vida,volver a estudiar después de tantos años trabajando oportunidad que España nunca medio. Pero también le digo que yo lo conseguí gracias, en parte, a España que me desahucio. He vivido xenofobia y racismo institucional y personal que he podido vivir durante el camino.

Le escribo para contarle también : Que miles de migrantes españoles en Alemania  tendremos  aún más dificultades para obtener o renovar nuestros  documentos. Los plazos administrativos serán suspendidos y se priorizan las vías telemáticas, cuando la mayoría de los trámites de los españoles en el extranjero son presenciales. El Ministerio de relaciones exteriores estaba en pleno proceso para automatizar la burocracia de las oficinas de extranjería de España en extranjero, pero la pandemia lo ha interrumpido indefinidamente. A las restricciones de la atención presencial, adoptadas por el Ministerio de relaciones exteriores, se suma el decreto de alarma con el que se suspenderán los plazos de todos los procesos administrativos. Las medidas aprobadas por el Consejo de Ministros afectan sobre todo a los que más dependen de las gestiones de la Administración. En el caso de los españoles residentes en el extranjero , que ya enfrentaban la falta de medios para asumir sus procesos, las dificultades se agravarán. La ralentización de la Administración la sufrirán desde estudiantes extranjeros a migrantes que tras años en la irregularidad tenían por fin la posibilidad de adquirir sus papeles. Sin documentos, el migrante puede ser expulsado en Alemania , no puede optar a un empleo formal o alquilar una vivienda. Y los que ya estaban regularizados y necesitan renovar sus permisos se enfrentan, entre otras cosas, a que sus bancos les cancelen las cuentas por falta de documento en vigor. Sin una tarjeta de residencia  DNI  vigente tampoco tienen permitido retornar a España si necesitan viajar.

Los problemas de los españoles en el  extranjeros para adquirir cita previa y realizar sus trámites venían agravándose en los últimos meses en toda Alemania .

Entre las medidas adoptadas esta semana, la Oficina del Consulado General de España en Düsseldorf , una de las más saturadas, redujo a la mitad las citas previas para tramitar Pasaportes . A partir del lunes, iban a ser apenas 22 a la semana , pero mientras esté en vigor el estado de alarma no habrá atención presencial. Esto afectará a los procesos de regularización y renovación de miles de personas que ya llevaban meses intentando concluir sus trámites.

Caducidad de DNI de personas en el extranjero en estado de alarma

Sr. Presidente le recuerdo :
Ante la imposibilidad tanto de renovar pasaportes —bien sea por la reducción de la actividad en Embajadas/Consulados, la inoperatividad del mecanismo de valija diplomática o por otras causas— los residentes españoles en extrajeron solicitamos información detallada sobre el procedimiento a seguir para quienes tengan que regresar a España y cuyo pasaporte o DNI esté caducado.  Es necesario recordar que la validez del pasaporte no ha sido prorrogada como otros documentos asumimos, por motivos de convenios bilaterales.

La caducidad de los pasaportes y DNI , podría traer graves consecuencias para nosotros los Españoles en Alemania a la hora de tramitar con normalidad el mantenimiento de la nacionalidad española, ya sean los casos por la adquisición de una segunda nacionalidad o de descendientes emancipados que tienen que gestionar la voluntad de mantenerla. Dado que la obtención o renovación del DNI solo puede realizarse en las dependencias de la policía en España en pleno siglo XXI muchas personas residentes en el exterior no disponemos del mismo, y por tanto podríamos vernos en la situación de no poder regresar a España.

Solicitamos información sobre el procedimiento a seguir por las personas afectadas, si la solución fuese la expedición de un salvoconducto, tal como se regula en Real Decreto 116/2013, de 15 de febrero, sea esta agilizada de tal forma que quienes deben regresar a España puedan hacerlo sin mayores obstáculos, tampoco a quienes, por residir de forma temporal en el extranjero, no estén registrados en el consulado.

La historia de una emigración

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Las historias de la emigración contada dejan sin palabras, que podrían parecer propias de un tiempo lejano y olvidado. Un hombre deja a su esposa y a su hijo en una ciudad miserable para intentar prosperar en un país desconocido al otro lado de Europa. Al final se encuentra en una ciudad enloquecida, de costumbres extrañas, animales peculiares, curiosos objetos flotantes e idiomas indescifrables. Con tan sólo una maleta y un puñado de monedas, el inmigrante debe encontrar un lugar donde vivir, comida y algún empleo con el que ganar algo de dinero.

LAS HISTORIAS QUE QUEDARON OLVIDADAS

El inmigrante lleva en la piel una serie de heridas. Siempre. Con el tiempo te acostumbras a vivir con ellas. Algunas heridas cicatrizan bien. O las escondes debajo de la ropa. Otras en cambio, siguen ahí, abiertas. De manera permanente. Esto es algo que nos une a todos los que venimos de otra parte, aunque es verdad que el proceso de adaptación, aculturación y cambio puede ser mucho más fácil o llevadero para aquellos que vienen en mejores en condiciones que otros. No es lo mismo venir a limpiar casas, a trabajar en un restaurante o a cuidar niños que llegar a estudiar una maestría, un doctorado, en una universidad prestigiosa. A mí, sin embargo, me atraen siempre las historias que quedaron olvidadas, aquellas que no encajan dentro del llamado “sueño alemán”. Porque son historias que no pretenden nada, ni siquiera ser contadas.

VIVIR DE OTRA MANERA

Para todo inmigrante siempre hay un antes y un después a partir del día en que abandonas tu país. Es algo que te marca para siempre. Todo inmigrante se acuerda de la fecha, la hora exacta en que salió, las circunstancias precisas. Y las revive una y otra vez, aunque haya pasado mucho tiempo. Yo salí en una época de la explosión de burbuja inmobiliaria. Era el año 2013, y en una edad muy difícil con 40 años En aquel entonces, muchos éramos los españoles que nos queríamos ir. Y muchos nos fuimos. A Alemania a aprender nuevas costumbres, otros idiomas, a vivir de otra manera, siempre buscando mejores oportunidades laborales. Como inmigrante siempre estás en un lugar intermedio. No perteneces ni aquí ni allá. Este año voy a cumplir 8 años de vivir en Alemania Y todavía me siento, en demasiadas ocasiones, como un extranjero, aunque hable alemán, aunque mi vida esté aquí. Es algo con lo que he aprendido a vivir orgullosamente. Siempre en el medio. Entre el alemán y el español. Entre ser y no ser. Con la familia y los amigos aquí y allá.

¿Quién tiene que hacer el esfuerzo para favorecer la integración?

– Odio la palabra integración, es como si tuviera que rechazar algo que

soy. Prefiero la palabra incorporación. Este es un proceso muy lento, no es de

un día, ni un mes, ni un año. El esfuerzo, lo tenemos que realizar en las dos

direcciones: la sociedad de acogida y las personas que llegamos. Ser parte de la

sociedad, para unos es un proceso muy rápido, otros tardan toda la vida. He

visto casos de personas que, aunque viven desde hace años en Alemania, siguen

siendo inmigrantes. Es un esfuerzo personal tuyo y de los demás. Para mí fue

fácil, desde el primer momento me sentí a gusto en las calles, con la comida,

encontré amigos… participo. Puede ser por lo que he vivido,

por los que me han ayudado o tal vez porque me gusta mucho este país. Pero

de verdad que hay gente que no se entera de que está viviendo aquí; ni siquiera
teniendo el Ausweis son alemanes su cabeza está en el país de origen y aunque

hayan pasado años siguen comportándose y pensando como si estuvieran allí.

Por eso creo que el esfuerzo tiene que venir de las dos partes. Lo triste es cuan-

do te esfuerzas por participar en la sociedad y la Ley no te da la oportunidad de

ser uno más. Yo no tengo papeles, no puedo esconder la cara entre las manos.

La cultura de una comunidad

“Nuestros ancestros, pudieron sobreponerse al desarraigo, a los miedos y a la incertidumbre empezando de cero, llamando casa a una nueva tierra, echando raíces fuertes y profundas para que sus futuras generaciones no tuvieran que migrar para cumplir sus sueños. Pero las migraciones son la historia de la humanidad, son el motivo de nuestra existencia y seguirán ocurriendo en un único mundo lleno de fronteras. Y las raíces de cada lugar se nutrirán de otras dialogando y formando esa diversidad que termina siendo la Cultura que identifica a cada comunidad”. Hoy, “nos toca vivir épocas difíciles, estamos colmados de dudas y cuesta mucho encontrar un mensaje de esperanza en estos días tan dinámicos, producto de una pandemia que ha golpeado a nuestro mundo lleno de fronteras. “En las manos duras de un trabajador, en la pluma y en las ideas de un escritor, en los inventos y descubrimientos de un científico, en la canción de un músico. Allí está nuestra Cultura, la historia de nuestro país, plagada de anécdotas de inmigrantes que eligieron esta tierra para llamarla hogar. Brindemos homenaje a aquellos pioneros y visionarios. Celebremos la diversidad de nuestra riqueza cultural. Desarraigo, miedos, incertidumbre y anhelos… tal vez los ojos llorosos y un puñado de sueños”. Pasear por la ciudad que me ha cobijado en los albores del año 2013 traía añoranzas del terruño abandonado con premuras y rencores, Quería a este lugar como propio, como tantos otros que pudieron rehacer su vida en paz, aun pensando distinto.

Me gusta los rudos bailes vascos, el flamenco, la falla valenciana del verano o la procesión de los andaluces en Semana Santa, ámbito formidable de fandangos y zarzuelas, que atenuaban la angustia del desarraigo.
A través de una colección de anécdotas y vivencias, se profundiza en un aspecto característico de la experiencia migrante: también de dolor se canta

Tengo que hacer un rosario,

Con los dientes de marfil,

Para que pueda besarlo,

Cuando esté lejos de ti,

Sobre sus cuentas divinas,

Hechas con nardos y jazmín,

Rezaré para que me ampare,

Aquella que está en San Gil.

Adiós mi España querida,

Dentro de mi alma

Te llevo metida,

Aunque soy un emigrante

Jamás en la vida,

Yo podré olvidarte.

( Juanito Valderrama)

Más allá de mis asuntos personales, no obstante, creo que el «problema» de la pertenencia puede que sea más una pregunta existencial básica con la que todo el mundo debe enfrentarse de vez en cuando, quien sabe si de forma regular. Aflora especialmente cuando las cosas «van mal» en nuestra vida cotidiana, cuando algo desafía nuestra cómoda realidad o nuestras expectativas, típicamente coincide con el momento en el que empieza una buena historia, es un buen combustible para la ficción. A menudo nos encontramos en realidades nuevas, una escuela nueva, un trabajo nuevo, una relación nueva o un país nuevo, y alguna de esas cosas sugiere algún tipo de reinvención del sentido de «pertenencia». Todo esto lo tuve muy presente durante el largo período de tiempo que estuve trabajando en Emigrantes. Dada mi preocupación por los que se sienten «extraños en tierra extraña», ése era un tema que obviamente debía abordar, una historia sobre alguien que se marcha de casa para encontrar una nueva vida en un país desconocido, en el que incluso los detalles más básicos de la vida cotidiana resultan extraños, chocantes o confusos, por no mencionar el gran obstáculo que supone el idioma. Es un escenario sobre el que estuve pensando muchos años antes de que me decidiera a cristalizarlo en algún tipo de forma narrativa.

Jose Mateos Mariscal