La literatura volvió a encontrar cobijo en Ribera del Fresno con la celebración de la X Fiesta de las Letras del Colectivo Ataecina, una cita ya consolidada en el calendario cultural ribereño y extremeño que reunió poesía, reflexión, memoria y convivencia en torno a la palabra escrita.

La décima edición de esta antología de escritores ribereños, volvió a demostrar la vitalidad de un colectivo cultural que, lejos de limitarse a la creación literaria, se ha convertido con el paso de los años en uno de los motores culturales más activos de la comarca. El volumen, de 67 páginas, recoge 23 textos de autores y autoras participantes y presenta en portada una imagen profundamente simbólica para los vecinos de Ribera: un “compadre” ardiendo bajo la atenta mirada de la torre del Cristo de la Misericordia, fotografía obra de Fermi Merino Reyes.

Durante el acto, el presidente del colectivo, el montijano José Sánchez del Viejo, reivindicó el valor de la literatura como espacio de encuentro y defendió el prestigio alcanzado por el certamen ribereño más allá de Extremadura. “No me canso de decirlo: parece mentira que el castellano se hable en tantísimas partes del mundo y lleguen poemas desde lugares muy diversos con tantísima calidad”, expresó, subrayando además la dificultad del trabajo del jurado ante el elevado nivel de los textos presentados.

Sánchez del Viejo recordó asimismo la intensa actividad cultural desarrollada por Ataecina dentro y fuera de Extremadura, con presencia en encuentros poéticos, mesas redondas, presentaciones literarias y festivales celebrados en lugares como SegoviaLlerenaMontijoBarcelona o Rubí. El presidente del colectivo reconoció además que el modelo organizativo de la Fiesta de las Letras ribereña nació inspirado en experiencias culturales catalanas vinculadas a la poesía participativa y al asociacionismo cultural.

Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó con el nombramiento de la bibliotecaria Rosana Pavo Gómez como madrina de esta edición. Visiblemente emocionada, la responsable de la Biblioteca Municipal “Virgilio Gutiérrez” pronunció un discurso profundamente humano y literario en el que reivindicó el papel de la cultura como elemento de cohesión social.

“Hay palabras que nacen del pensamiento, pero hay otras, quizá las más valiosas, que nacen del agradecimiento”, comenzó señalando Rosana Pavo, quien agradeció la confianza depositada en ella para representar un proyecto cultural que definió como “un espacio donde conviven voces distintas y donde la palabra encuentra abrigo”.

La bibliotecaria destacó especialmente la capacidad del colectivo para “tejer vínculos” y mantener viva una inquietud cultural que trasciende la propia literatura. Recordó las antiguas “Tertulias Ataecina”, celebradas en la biblioteca, como espacios de diálogo pausado sobre historia, costumbres y raíces locales, y confesó que el contacto con los miembros del colectivo le permitió descubrir una nueva forma de acercarse a la poesía: “Han sido ellos quienes han despertado en mí una nueva mirada, la de entender la poesía como una emoción que te remueve, que abriga y que también te nombra por dentro”.

Su intervención se convirtió en una defensa de la cultura cercana, compartida y cotidiana frente a la creciente indiferencia social hacia los actos culturales. “Es una pena que los actos culturales parezca que siempre reúnen a los mismos”, lamentó, aunque reivindicó precisamente el valor de esos “pequeños milagros discretos” que consiguen humanizar la vida colectiva.

La escritora Lupe García Araya, integrante del colectivo, resumió la esencia de la jornada como “una tarde llena de emociones, poesía y amigos”, agradeciendo además la presencia de la concejala de Cultura Tamara Ledesma y el apoyo continuado del público y de quienes hacen posible que “la cultura y la poesía sigan siendo caminos a seguir”.
Juan Francisco Llano