La Sala Vaquero Poblador de la Diputación de Badajoz acogió este jueves la inauguración de ‘21+7 Haikus del corazón’, una propuesta artística y literaria de la creadora pacense Teresa Crespo, que une fotografía y poesía japonesa contemporánea en un diálogo íntimo sobre la contemplación, el instante y la emoción.
La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo 6 de junio, reúne veintiún haikus acompañados de imágenes fotográficas, a los que se suman las aportaciones visuales de siete fotógrafos invitados: Daragh Walsh, Guillermo Gabardino, María Bardají, Javier Alarcón, Javier Trigo, Pepe Calero y Rosa Díaz.
El acto contó con las intervenciones del diputado del Área de Identidad Cultural, Deporte y Juventud, Bienestar Social y Cooperación Internacional de la Diputación, Ricardo Cabezas; la profesora del IES Zurbarán y prologuista de la exposición, Ángela Sayago; y la propia autora.
Durante su intervención, Cabezas destacó “la extraordinaria sensibilidad” de una propuesta que “convierte la quietud de las imágenes y el movimiento de la palabra en una tensión poética especial”. El diputado subrayó, además, el valor cultural de una exposición que “captura un instante efímero antes de su inexorable desaparición”, poniendo en relación dos lenguajes artísticos aparentemente distantes, pero unidos por la contemplación y la búsqueda de lo esencial.
Por su parte, Ángela Sayago profundizó en la dimensión literaria y filosófica de la obra, recordando que el haiku constituye “una visión intuitiva de la realidad” capaz de condensar, en apenas diecisiete sílabas, una experiencia estética y espiritual. En este sentido, señaló que Teresa Crespo “ha sabido transformar el movimiento de las cosas exteriores en una profunda reflexión interior”, estableciendo un diálogo entre palabra e imagen que invita al espectador a detenerse y contemplar la vida desde una mirada más consciente y trascendente.
La autora explicó que este trabajo nace de un proceso profundamente personal de introspección y observación de la naturaleza como “gran maestra”. Crespo afirmó que el haiku le ha servido “como vía de escape y de comprensión emocional”, reivindicando la importancia de detenerse ante aquello cotidiano que a menudo pasa desapercibido. “Vamos mirando la vida por encima, sin llegar a ver realmente las cosas”, señaló, destacando que cada poema queda abierto a la interpretación íntima de quien lo contempla.

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