La obra de Palique Teatro, escrita y dirigida por Juan Francisco Castaño Ponce e interpretada por medio centenar de vecinos, recrea la expulsión de los moriscos hornachegos y convierte el patrimonio local en escenario de una historia de amor, conflicto y desarraigo
Hornachos ha vuelto a encontrarse con uno de los episodios más determinantes de su historia a través del teatro. La compañía local Palique Teatro ha representado durante este fin de semana Desterrados. Los moriscos de Hornachos, una producción escrita y dirigida por Juan Francisco Castaño Ponce que ha logrado llenar el espacio escénico instalado en el entorno de San Francisco durante las dos funciones, con las entradas agotadas tanto para la noche del sábado como para la del domingo.
La representación, integrada en la programación del XIII Festival Morisco de Hornachos, ha reunido a medio centenar de vecinas y vecinos del municipio sobre las tablas para recuperar, desde una mirada teatral, la memoria de la comunidad morisca hornachega y su expulsión a comienzos del siglo XVII.
La propuesta regresaba este 8 y 9 de agosto después de que Palique Teatro anunciara el pasado mes de julio una nueva puesta en escena de Desterrados, definida por sus responsables como una obra destinada a «acercar a la actualidad la vivencia de nuestros antepasados» y ayudar a comprender «la tragedia de un pueblo expulsado de su tierra». La edición de este año incorporaba además gradas para mejorar la visibilidad y comodidad del público.
Una historia de amor en medio de la expulsión
Desterrados articula su argumento alrededor de Josué, un joven hornachero hijo de cristianos viejos, y Zaida, una joven morisca con la que mantiene una relación amorosa clandestina. El romance se desarrolla en una sociedad profundamente tensionada y marcada por las diferencias religiosas y por el conflicto que precedió a la expulsión.
Zaida es hija de Bralum Tello, personaje presentado en la obra como uno de los referentes de la comunidad morisca y cuya oposición al romance de su hija con un cristiano desencadena buena parte de la trama.
A este conflicto íntimo se suma la llegada a Hornachos de Gregorio López Madera, enviado por el poder real para investigar la situación de los moriscos de la villa y recabar información que contribuiría al proceso que desembocaría en el bando de expulsión.
La historia teatral hace avanzar así al espectador desde el amor imposible hacia la violencia, la persecución, la traición y, finalmente, el destierro. Una tragedia colectiva que se contempla a través de personajes concretos, permitiendo que la historia adquiere una dimensión humana.
El resultado es una obra de aproximadamente 90 minutos, catalogada como drama, en la que el carácter histórico convive con elementos de comicidad, emoción y capacidad de convocatoria, en una producción de marcado carácter comunitario.
Medio centenar de hornachegos sobre el escenario
Uno de los principales valores de Desterrados reside precisamente en su dimensión colectiva. El elenco está formado por 50 vecinas y vecinos de Hornachos, convertidos durante estos días en actores de su propia memoria histórica.
Durante las semanas previas, los integrantes de Palique Teatro compartieron imágenes y mensajes de los ensayos, mostrando el intenso trabajo de preparación de escenas, entradas y salidas y coordinación de un montaje de estas dimensiones.
El director, Juan Francisco Castaño Ponce, reconocía pocos días antes del estreno sentirse «orgulloso y contento» del grupo de hornachegos que participa en la obra y que, según sus palabras, «ama el teatro y sobre todo a su pueblo».
El entusiasmo se trasladó finalmente al público. El sábado, antes de abrirse las puertas, la organización comunicaba que todas las localidades estaban agotadas, aunque todavía quedaban entradas para la función del domingo. Finalmente, también la segunda representación consiguió colgar el cartel de completo.
Ese respaldo convierte a Desterrados en algo más que una representación teatral: es un ejercicio de participación ciudadana en el que buena parte de un municipio se implica directamente en la recuperación de su pasado.
Hornachos, entre la historia y la escena
La elección del espacio de San Francisco no es casual. El entorno patrimonial del municipio se transforma durante el Festival Morisco en un escenario que permite establecer un diálogo directo entre el territorio y la historia que se representa.
El XIII Festival Morisco ha planteado precisamente esa recuperación del legado histórico, artístico y patrimonial de Hornachos mediante talleres, artesanía, música, teatro y diferentes actividades culturales. La programación convierte durante varios días el barrio y la plaza de San Francisco en punto de encuentro entre vecinos y visitantes.
En ese contexto, Desterrados funciona como una de las propuestas centrales del programa: no se limita a narrar un episodio histórico, sino que lo devuelve al lugar donde sucedió, utilizando el patrimonio como parte esencial de la dramaturgia.
Una expulsión que cambió para siempre la historia de Hornachos
La dimensión histórica de la obra hunde sus raíces en uno de los episodios más singulares de la historia extremeña.
La comunidad morisca de Hornachos presentaba, además, características particulares. Según la investigación histórica, constituía una población mayoritariamente morisca, con una fuerte identidad comunitaria y una importante actividad económica vinculada a la agricultura, la ganadería, las huertas, las viñas, los colmenares, la minería y diferentes actividades artesanales.
La expulsión supuso, por tanto, mucho más que un desplazamiento de población: significó una ruptura profunda en la estructura social, económica y cultural de la villa.
Los moriscos hornachegos terminarían estableciéndose, junto a otros expulsados andalusíes, en el norte de África. La historia de aquellos desterrados continuó particularmente vinculada a Salé y Rabat, donde sus descendientes han conservado hasta nuestros días la memoria de su origen hornachego.
Precisamente esa dimensión de identidad, pertenencia y desarraigo es la que permite que Desterrados trascienda la recreación histórica para convertirse en una reflexión sobre las consecuencias humanas de una expulsión.
Del pasado al presente
La obra plantea, además, una cuestión de plena vigencia: qué significa ser expulsado de la tierra de los antepasados y qué ocurre con la identidad cuando una comunidad se ve obligada a abandonar su lugar de origen.
La investigación histórica sobre los moriscos de Hornachos ha subrayado la singularidad de esta comunidad y la pervivencia de su memoria a través de los siglos. Cuatrocientos años después de la expulsión, los descendientes de aquellos hornacheros continuaban conservando apellidos, tradiciones y una conciencia de pertenencia vinculada a la villa.
En este sentido, el teatro se convierte en una herramienta de divulgación histórica particularmente poderosa: permite que los datos de los documentos cobren rostro, voz y emoción.
Y eso es precisamente lo que ha conseguido Palique Teatro con Desterrados: convertir una tragedia ocurrida hace más de cuatro siglos en una historia próxima, reconocible y compartida por todo un pueblo.
Una historia que Hornachos ha hecho suya
El éxito de las dos funciones confirma que la propuesta ha encontrado una respuesta excepcional entre los vecinos y visitantes. La venta anticipada, fijada en cinco euros, se agotó antes de la representación, mientras que el precio en taquilla estaba establecido en siete euros.
Pero el verdadero valor de Desterrados no parece medirse únicamente en localidades vendidas.
Durante casi dos horas, 50 hornachegos han puesto voz a sus antepasados, mientras familiares, amigos, vecinos y visitantes contemplaban desde las gradas una historia que forma parte de la memoria colectiva de la localidad.
Una historia de amor y odio, de convivencia y enfrentamiento, de poder y resistencia, pero, sobre todo, de arraigo y desarraigo.
Porque cuatro siglos después de que aquellos moriscos fueran obligados a abandonar Hornachos, el pueblo continúa contando su historia.
Y esta vez lo hace desde el escenario, con sus propios vecinos como protagonistas.


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