La amistad es un punto de nuestra vida que se cumple de unas u otras formas. Es algo que viene implícito en nosotros como seres sociales.

Existen muchos tipos de amistad: las interesadas, las frustradas, las incomprendidas y las de conveniencia.

Todas ellas son la misma que confluyen en una idealización superflua e incoherente de lo que la gente se imagina que es la amistad.

La amistad no es un camino de rosas.

Un profesor de bachillerato nos decía en una de sus clases que había que tener amigos pero sobre todo aliados. Realmente la amistad es eso, una alianza que se establece ente iguales o no tanto para sacar tajada o al menos intentarlo.

No es esta una visión pesimista de la vida aunque pudiera parecerlo, pero sí es realista.

Unos buscan la amistad por dinero, influencia, compañía o simplemente para tener a alguien con quien salir.

También encontramos aquellas personas que están como se dice en la calle «en las buenas y en las malas». Eso no es amistad sino amor. La amistad no incluye el amor y el amor no incluye la amistad. Un amigo no te quiere por amistad sino por amor. La respuesta a si un amigo puede quererte y amarte es sí pero si lo hace de forma desinteresada deja de llamarse amistad y se pasa a llamar amor.

Del desengaño hay que deshacerse cuanto antes o nos daremos con un canto en los dientes. Este pareado de cosecha propia tiene mucho sentido, porque muchas veces nos llevamos chascos innecesarios con una amistad que deja de serlo porque se pierde el interés.

Es importante saber quienes son amigos y a quienes queremos de verdad para no quedarnos solos y morir en soledad

Juan Sánchez

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