Está última generación que vemos es la generación del click, click. La sacas de ahí y la hundes. Habría que ver que tipo de no educación le han dado y también que clase de inquietudes tienen, si es que podrían tener alguna. Padres que se merecen solo el título de progenitores porque se educadores muy poco o nada. Vaya desgracia humana a la que se ha llegado. Un vacío enorme lo ha abarcado todo cual agujero negro que absorbe hasta la velocidad de la luz y termina desintegrándola en partículas o a un astronauta que se asomase al black hole lo hace spaghetti.
En el caso actual de la especie humana es su propio interior, sus propias vidas oscuras como el espacio exterior que es tenebroso, esa oscuridad del alma que trata de chupar todo hacia otro espacio o universo pero donde no hay retorno ni vida posible.
A un joven de hoy le quitas el móvil y el coche y no es nadie. Se desintegra en la oscuridad de la galaxia. Hago esta similitud por el empeño de buscar vida afuera cuando el género se olvidó de la vida adentro.
Vemos la insistencia humana de acercarse a la oscuridad en todos los sentidos en vez de a la luz. No quiere buscar la vida, proteger lo natural, los bellos lugares, paisajes increíbles, lo bueno, lo compasivo, lo solidario, quiere ir hacia tener cosas, cacharros, propiedades, llegar a ser el primero en dineros, triunfar en la nada, un título, drogarse, matar, robar tierras que no son suyas, apropiarse de otros países. Vaya vergüenza humana.
Seres microscópicos, débiles y muy limitados en vida que se creen los huevos del toro. Ahora aquí me reflexionó esto viendo los paisajes naturales de Bolivia, sus jaguar, el Cóndor, el salar de Uyuni, tesoros icónicos en el corazón de los andes bolivianos. Estos paisajes crean un mundo de asombro y paz. Lugares sobrecogedores.
Nada más amigos por hoy, aquí desde el país andino, esperemos que el ser humano reaccione en algún momento y vuelva la cordura.
Jesús Antonio Fernández Olmedo

Sin comentarios