El Polideportivo Municipal Manuel Chavero Tavero volvió a convertirse en un fortín. La SP Ribereña superó por 3-1 al CPVO Monesterio en un encuentro cargado de intensidad y simbolismo, sumando su undécima victoria consecutiva y consolidando su posición al frente del Grupo 4 de la Segunda Extremeña con 46 puntos, diez de ventaja sobre el segundo clasificado.
Los tantos de Guillermo Sánchez Bote, por partida doble, y Pedro Álvarez Gutiérrez certificaron un triunfo trabajado, de esos que se sostienen tanto en la eficacia como en el compromiso colectivo. “Era un partido que había que ganar… y se ganó”, resumía al término del choque Abraham Sánchez Zaché, una de las voces autorizadas del vestuario.
El duelo tenía un trasfondo especial: el conjunto de Monesterio fue el único capaz de derrotar a la Ribereña en la primera vuelta, en la jornada 3. La cita, por tanto, trascendía la mera contabilidad de puntos. Se trataba de reafirmar el liderazgo y cerrar una herida deportiva. Y el equipo respondió con solvencia: intensidad en la primera mitad, control y madurez en la segunda, equilibrio defensivo y transiciones verticales como sello identitario.
Más allá del marcador, el triunfo refleja un proceso sostenido. Durante el reciente parón liguero, el equipo reforzó la cohesión interna en una jornada de convivencia que sirvió para enfocar el tramo decisivo de la temporada. El cuerpo técnico no dudó en señalar la armonía del grupo como uno de los pilares del rendimiento competitivo.
La semana dejó, además, una noticia de profundo calado emocional: José Flores regresó a los entrenamientos tras un año de lesión. Su vuelta simboliza la resiliencia del proyecto, donde la paciencia y el trabajo silencioso encuentran recompensa.
El respaldo institucional y empresarial volvió a ser visible en las gradas y en el entorno del club, con el apoyo de MSH Servicios Inmobiliarios, VS Garage Premium Cars, Elecex Instalaciones y Ferretería, Eléctrica Elemental y la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Ribera del Fresno. Un entramado que evidencia que el proyecto trasciende lo deportivo para convertirse en emblema social de la localidad.
Con un balance de 14 victorias, un empate y una sola derrota, la SP Ribereña firma una de las campañas más sólidas de su historia reciente. El ascenso aún no es matemático, pero depende exclusivamente de su regularidad en las jornadas restantes. La comunión entre equipo y afición —una vez más con las gradas llenas— sostiene una dinámica que invita a la ilusión.
En Ribera del Fresno, el fútbol se vive como identidad compartida. Y este equipo, partido a partido, sigue escribiendo una temporada que ya tiene dimensión histórica.
Juan Francisco Llano

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