El ciclista del Caja Rural-Alea afronta su cuarta participación consecutiva en la ronda extremeña con la tranquilidad que da la madurez, con la ambición de querer hacer un buen papel en casa y con el interés hacia un recorrido que le atrae, especialmente la última etapa. El ciclista de Navaconcejo viene de ganar la prueba final de la Copa de España, en Vigo. La carrera, entre el 12 y el 14 de junio y con televisión en directo.

[Fotos cortesía de Caja Rural-Alea/Kike Abelleira]

Dos extremeños han ganado hasta la fecha la Vuelta Ciclista a Extremadura élite y sub-23. El pacense de Azuaga Ernesto Manchón abrió la cuenta en la edición de 1997, uno año después de haber subido al podio como el rey de la montaña. El cacereño de Plasencia Pedro Romero reverdeció esos laureles en 2006, con la ronda extremeña dentro del panorama profesional por los caprichos normativos de las nuevas categorías continentales impulsadas entonces por la Unión Ciclista Internacional.  Pablo Carrascosa, hoy profesional en el Kern Pharma, ha estado cerca de convertirse en el tercero en un par de ocasiones, tercero en 2023 después de liderar la carrera desde el segundo día hasta la última etapa; séptimo en 2024 tras salir líder de una segunda etapa en la que logró la victoria. La ronda regional aún aguarda a su tercer hombre.

En la edición de 2026 recién presentada está prevista la participación de hasta cinco corredores de la región y uno de ellos, cacereño de Navaconcejo, emerge como un posible aspirante. Por experiencia, sí. Por resultados, también. Iker Pérez, el ciclista de Caja Rural-Alea, centra muchas miradas. El extremeño viene de ganar la última prueba de la Copa de España, la Vigo Copa de España, una cita cuyos números hablan por sí solos: 180 kilómetros, seis puertos de montaña puntuables y 4.000 metros de desnivel acumulado. Pérez ganó y lo hizo en solitario, tras rodar escapado. Buenas piernas.

“Llego en un buen momento, el recorrido me gusta y estoy con ganas de competición, porque iba a correr con la selección en la República Checa y al final causé baja por un virus gastrointestinal. Así que hay hambre de bicicleta. Pero también tranquilidad. La carretera nos pondrá en nuestro sitio. Sobre el papel creo que podré tener opciones de disputar, y la confianza del equipo, pero si las piernas no responden y toca ayudar a un compañero que esté mejor, por supuesto lo voy a hacer encantado, como siempre. El año pasado pude estar delante y fue una experiencia muy positiva. Luego en el verano vino la oportunidad de correr como stagiaire varias carreras en Italia y, además de disfrutar mucho de competir con Adam Yates o Isaac del Toro, acabé bastante bien el año. Y la buena andadura de éste también se basa un poco en ese gran final”, comenta.

En 2025 Pérez finalizó 28º, a los mismos 18 segundos del ganador que una veintena larga de corredores. Aquella era su tercera participación. La de 2026 será la cuarta: ha hecho un pleno de asistencias en la categoría sub-23. Y su retorno a las carreteras de casa también ha conllevado una evolución, una maduración. “Pero mi segundo año en la categoría sub-23 realmente fue como un primero, porque fue mi primera campaña al completa, sin problemas físicos que tuve un año antes. Ahí ya noté mejoría. Y el proceso siguió. Ahora tengo más conocimientos, más visión de carrera y por supuesto también más experiencia”, relata.

El de Navaconcejo siempre ha corrido en el campo amateur enrolado en el Caja Rural-Alea, al que llegó de la estructura del Electromercantil-GR100 que tutelan desde Plasencia Rubén Martín y Pedro Romero. “Yo empecé a competir relativamente tarde, como cadete de segundo año o como juvenil de primero. Ya en el Electromercantil pude salir a competir mucho fuera. Fue un salto. Y en ese momento también he podido vivir esta dinámica de juveniles que saltan al profesionalismo. ¿Cómo lo veo?  Me parece un salto acertado si el corredor tiene ese nivel necesario, siempre con la debida paciencia con su desarrollo madurativo. Sin presiones innecesarias. Pero también creo en el valor de la categoría sub-23. Yo mismo lo he vivido en mis carnes. El primer año no tenía ni idea, no estaba físicamente desarrollado. Y ahora, por ejemplo, veo las cosas de otra forma, puedo anticiparme a muchas situaciones, manejo la presión y no me pongo nervioso”.

La Vuelta a Extremadura 2026 va a ser un escenario inmejorable para plasmarlo. “Las tres etapas tienen su miga. La primera no parece tan dura, pero es una zona donde el calor se nota mucho y la gente que no esté acostumbrada lo puede pasar mal. Una etapa peligrosa que puede deparar diferencias. La segunda es especialmente larga, en la categoría se estilan más kilometrajes en torno a los 150 o 160 kilómetros y aquí encontramos de golpe una veintena más. Y el calor también, claro. A mi las carreras largas y duras se me dan bien, me viene bien que haya fatiga en el ambiente y este día posiblemente nos vamos a ir a las cuatro horas y media de carrera. La última etapa es la que más gusta de todas, porque es la más dura. Podría serlo más aún incluso. El Robledo se hará duro, se va a seleccionar mucho la carrera y sigue quedando mucho terreno complicado después”, analiza.

Iker Pérez vive en un paraíso para la bicicleta. Para el ciclismo en general. El valle del Jerte tiene puertos de montaña, pero también impresionantes rutas para la bici de montaña como bien proclaman cada final de temporada desde la Scott Picota Bike Race by Orquin, con una etapa precisamente en Navaconcejo. “No me quejo, sí que vivo en un paraíso. Ahora es verdad que hay algo más de tráfico por la campaña de la cereza, pero es una zona fabulosa. Mi rutina de entrenamiento depende un poco de los estudios. Ahora que estuve de prácticas entre febrero y mayo en el pueblo entrenaba por la tarde. Ahora con el proyecto final hago, como digo en broma, vida de rico: me levanto sin prisa, me entreno bien, almuerzo sin prisa… Me gusta dedicarle un rato a la Playstation también para desconectar”, comenta.

Pérez en un enamorado del Puerto de Piornal, su subida favorita y un escenario habitual de entrenamientos: “Igual tiene seis o siete vertientes por carretera y de montaña otra pocas más. Es bastante completo. Es el puerto donde hago todas las series, cuando tocan. Me gusta especialmente la subida desde Garganta la Olla, que es muy entretenida por las curvas, pero al final la que más veces subo al año es la de Casas de Castañar. Cuando la Vuelta a Extremadura llegó aquí unos años lo disfruté mucho, estaba en esa edición y además estuve en la fuga”.

De cara al futuro, el cacereño confía en que los proyectos federativos con la Vuelta a Extremadura sigan creciendo. “A nivel organizativo son carreras de primer nivel. No lo digo por barrer para casa, en absoluto: estando dentro del pelotón creo que la vuelta masculina es una de las mejores a nivel de organización que hay en España. Y la femenina, por lo que me cuentan, igual. Ojalá que puedan crecer en el número de días. Esto permitirá poder cubrir más territorio, porque Extremadura al final son las dos provincias más grandes de España y cuentan con muchísimo terreno. Los recorridos siempre han sido muy equilibrados, en el sentido de tener en cuenta diferentes perfiles. Yo, en este sentido, preferiría tres etapas de montaña, que es el terreno que más me gusta”, bromea. ¿Algún enclave que le gustaría ver en el futuro en la Vuelta a Extremadura? “El Piornal siempre, me encanta este puerto. Y uno más desconocido, que sería una pasada, sería El Esperabán, en Las Hurdes. Es un puerto largo desde Pinofranqueado son como veinte kilómetros o así, muy tendidos al principio y con los últimos nueve realmente muy duros, con rampas del 17%. Pero arriba no hay nada, no lleva a ningún sitio. La carretera de momento se acaba en la cima”.